El cielo está despejado y Saúl, de 12 años, sabe que es una buena señal para vender helados. Son las 9:30, alista su conservadora, un recipiente térmico blanco, un hule y sobre ellos coloca conos, vasitos, chupetes y otras variedades. Hoy lleva sólo lo suficiente porque dice que desde la pandemia las ventas bajaron.