
PROJECT SYNDICATE
Con la Copa Mundial de la FIFA 2026, en Canadá, Estados Unidos y México, y ahora ya en sus rondas eliminatorias, se trata de ganar o irse a casa y a medida que más equipos son eliminados y el número de participantes se reduce, el torneo parece tener cada vez más un éxito, a pesar de muchas predicciones nefastas.
NUEVA YORK – El difunto Alan Clark (un político británico de la era de Margaret Thatcher, famoso por mujeriego y por sus ideas muy de derecha) me dijo cierta vez que lamentaba la decadencia del espíritu combativo británico, constructor de imperios y vencedor de guerras. Medio en broma, le sugerí que tal vez ese talante agresivo subsistiera entre los hooligans del fútbol británico, saqueadores de estadios y ciudades extranjeras. Clark me respondió con mirada ensoñada que de hecho era algo que “podía explotarse en formas útiles”.
NUEVA YORK – Entre la defensa del derecho de los ciudadanos estadounidenses a comprar rifles semiautomáticos o portar armas ocultas y la negación de responsabilidades humanas por el cambio climático hay algo en común. Son temas que exceden la argumentación racional. No importa cuántos estudiantes mueran baleados o cuánta evidencia científica haya de los efectos de las emisiones de dióxido de carbono, la gente no cambia creencias que definen su identidad.
NUEVA YORK – Algo en lo que coinciden muchos populistas de derecha es cierta forma peculiar de autocompasión: se consideran víctimas de la prensa liberal, los académicos, los intelectuales, los “expertos”… en síntesis, las “élites”. Afirman que las élites liberales gobiernan el mundo y mandan, altivas, desdeñosas, sobre la gente común y patriota.
NUEVA YORK – El Gobierno del presidente Donald Trump anunció que quiere reducir la inmigración legal a Estados Unidos a la mitad, y preferir a los inmigrantes bien formados que hablen un buen inglés. Cuando el corresponsal de la CNN Jim Acosta (hijo de un inmigrante cubano) cuestionó al asesor político sénior de Trump, Stephen Miller, afirmando que tradicionalmente el país ha acogido a los pobres del mundo, la mayoría de los cuales no hablaban inglés, Miller lo acusó de tener “un sesgo cosmopolita”.
NUEVA YORK – Hay quienes pueden haber desestimado el tuit reciente de Donald Trump de un video que lo muestra golpeando en la cara a un hombre con un logo de CNN en la cabeza como otro ejemplo más de la payasada vulgar del presidente de Estados Unidos –impropia, tal vez, pero ya hecha costumbre–. Pero otros han señalado algo más siniestro y con buenos motivos.
NUEVA YORK – Después de un año de desastres políticos, ¿hay para los liberales algún motivo de optimismo? ¿Algo que rescatar, por mínimo que sea, de los estragos del Brexit, la elección de Donald Trump y la desunión europea? Los cristianos creen que la desesperación es un pecado mortal, así que ¿por qué no buscar algún atisbo de esperanza?
NUEVA YORK – Hillary Clinton, la candidata presidencial de Estados Unidos por el Partido Demócrata, recientemente describió a los seguidores de su oponente, Donald Trump, como una “cesta de deplorables”. No fue una frase ni diplomática ni elegante, y luego tuvo que salir a pedir disculpas por su observación. Pero estaba más acertada que equivocada. Trump ha atraído a muchos seguidores cuyas opiniones sobre la raza, por ejemplo, son en efecto deplorables.

