
#VerdadesSinFiltro
El fin último de nuestra lucha contra el autoritarismo es, naturalmente, la defensa de un sistema democrático que nos pertenece a todos y que hoy se encuentra seriamente herido.
El 21F representa y condensa justamente todas nuestras convicciones y principios democráticos y es sin duda el faro que nos orienta y que nos señala el camino en el vértigo y las turbulencias de la coyuntura.
Las próximas seis semanas serán otra prueba de fuego para la democracia boliviana. En ese corto periodo, tendremos que poner a prueba nuestras convicciones más profundas y al mismo tiempo compatibilzarlas con nuestro potente sentido de realidad política.
No va a ser fácil ni será el momento para los puristas, ni menos aún para los que pontifican con aires de superioridad moral, desde la cómoda posición de la inacción política.
Lo que ocurrió con el señor Gonzalo Hermosa de los Kjarkas es algo que está comenzando a pasar y que pasará de aquí en adelante con mayor frecuencia, con otros artistas, intelectuales, periodistas y un largo etcétera.
Pasa simplemente que el gobierno les está exigiendo por primera vez que paguen los favores otorgados durante muchos años, poniendo la cara públicamente en defensa de la reelección de Evo Morales.
El 6 de agosto el gobierno perdió en Potosí otra batalla contra la ciudadanía movilizada en torno al 21F. La comenzaron a perder en realidad semanas antes, cuando decidieron arremeter furiosamente en contra de las plataformas y colectivos ciudadanos.
Todos los bolivianos sabemos perfectamente que Evo Morales hará todo lo que tenga que hacer para quedarse en el gobierno a cómo dé lugar, así como también sabíamos que los masistas intentarían deshacerse, a la mala, de quien osara interponerse entre ellos y la indispensable impunidad del poder indefinido.
Recuerdo que hace mucho, mucho tiempo, cuando Evo Morales acababa de asumir la presidencia, declaró a los medios que se mudaría de su modesto departamento en la zona de Miraflores y ocuparía la residencia presidencial de San Jorge.
El juicio a Chile ante la Corte Internacional de Justicia en La Haya es una medida que todos los bolivianos le reconocemos al presidente Morales. Más allá de que el concepto y la esencia de la demanda no se hayan generado en su gobierno, el valor político que requirió tomar aquella decisión, el haber conformado un equipo plural y competente del más alto nivel y el haber manejado el tema (hasta hace poco) con prudencia y seriedad, son factores que se le deben reconocer a Morales y que sin duda serán parte de su legado histórico.
Nadie puede negar el espíritu futbolero y la pasión por el deporte del presidente Morales. Aparte de su confesa afición por las quinceañeras, creo que ese es el principal rasgo personal que le conocemos; el deporte es, sin duda, un aspecto central en su vida y para constatarlo basta con recordar que comenzó su carrera política como secretario de deportes de un sindicato del Chapare.
A pesar de estar en una fase terminal de agotamiento, expresada en falta de credibilidad, ineficiencia, corrupción y toneladas de cinismo, el MAS nos está ganando una batalla tremendamente importante.
Los últimos cartuchos de sagacidad y supervivencia política, están siendo utilizados por el Gobierno para embaucar nuevamente a todo el país, naturalizando la candidatura de Morales en las supuestas elecciones generales del próximo año.
En el vértigo de la sorpresa por su sorpresivo nombramiento como cardenal, Toribio Ticona se ha mandado de entrada un par de declaraciones que han sacado ronchas a moros y cristianos.
Ya sea por simple impericia en las grandes ligas o por una errada decisión de comenzar lanzando una de cal y otra de arena, el hombre ha dicho, en cuestión de horas, que el nuevo palacio de gobierno le parece demasiado lujo y ostentación en un país en donde faltan tantos hospitales y escuelas y, por otro lado, que aún debe pensar en su posición acerca del 21F y de la reelección indefinida.

