
#VerdadesSinFiltro
Si nos aferramos a la idea de que todavía vivimos en democracia, entonces los calendarios políticos nos dicen que el próximo año deberían haber elecciones generales. Y como ya se nos ha pasado casi mitad de este año, la cosa está a la vuelta de la esquina. Dentro de un añito estaremos en plena campaña electoral y eso, señores, en política, es muy poco tiempo.
La tragedia de LaMia no ha terminado aún y temo que el segundo capítulo nos sorprenderá, como ocurrió con el primero, en la oscuridad y sin tener la menor idea ni de los antecedentes ni de los entretelones que la ocasionaron.
Acordémonos nomás que aquel horrible 28 de noviembre de 2016, cuando nos enteramos de que la mayor parte de un equipo de fútbol brasileño finalista de la Copa Sudamericana acababa de morir en un accidente aéreo. El 99,9% de los bolivianos no sabíamos que la línea aérea era boliviana, porque sencillamente nunca habíamos ni siquiera oído hablar de ella.
La muerte de un expresidente es un hecho importante acá y en cualquier lado, independientemente del tamaño y de la trascendencia del difunto. La presidencia es un lugar sagrado sobre todo en países como el nuestro y su ejercicio marca a las personas de por vida y, por supuesto, después de la vida también.
Los pescotis in fraganti en casos de corrupción tienen un efecto demoledor, sobre todo cuando incluyen grabaciones y fotos, es decir evidencias duras ante las cuales de nada sirve salir con el clásico: “esto no es lo que parece”.
Cuando el que ha grabado al corrupto es además un miembro de la banda, estás jodido y no te queda otra que admitir que tu voz era nomás la de la grabación y que te vas a sacrificar para proteger a los de arriba.
Los mismos que hoy pretenden ampararse en los derechos humanos para reelegirse, les impidieron postularse como candidatos a alcaldes a Rebeca Delgado y a Eduardo Maldonado en el año 2015. Lo hicieron de una manera tan mañuda y tan artera que ahora una instancia de las Naciones Unidas ha determinado que sus derechos civiles y políticos han sido violados y que el Eestado boliviano debe pagarles un resarcimiento económico.
Lula está preso porque fue hallado culpable por la justicia de su país en un megacaso de corrupción que se ha cargado a mucha gente dentro y fuera del Brasil, y cuya investigación está lejos de terminar.
Esos son los hechos en frío. Ahora, ¿cuál es el margen para los matices y las interpretaciones políticas? ¿Me gusta que las cosas hayan terminado así? ¿Me conviene políticamente en función a mis intereses y simpatías políticas locales? ¿Es este un buen o mal precedente para la política en general?
Los Kjarkas se mandaron una morenadita que rápidamente se convirtió en una cagada marca diablo. La canción dice más o menos que si no tienes harta pero harta plata, nunca en tu cochina vida vas a poder comprar una mujer hermosa, porque las Caras Bonitas son bien difíciles de mantener y solamente se venden al mejor postor, en este caso un cachamozo moreno.
Alguien le está haciendo creer a Evo Morales que en la recta final del juicio en La Haya, los bolivianos que todavía creemos en la democracia, vamos a olvidar el 21-F.
Seguramente algún despistado le debe estar susurrando al oído que no nos vamos a animar a poner en tela de juicio la integridad moral del Presidente, sobre todo si el fallo es favorable a Bolivia, por temor a ser tildados de desleales con la patria.
No nos hagamos a los tontos; una de las razones por las que el tema del mar puede ser utilizado con fines políticos internos es porque nadie dice lo que realmente piensa, cuando debe decirlo.
Nadie se anima a decir las cosas con todas sus letras, cuando las circunstancias lo demandan, porque todavía se cree que se corre el riesgo de ser linchado por esa supuesta opinión pública, atada irreversiblemente al fácil patrioterismo y chauvinismo erigidos en torno a nuestro enclaustramiento.

