
CIUDADANÍA GLOBAL
"El que lo abandona todo por ser útil a su país, no pierde nada, y gana cuanto le consagra" fueron las elocuentes palabras del Libertador Simón Bolívar. Ciertamente, la patria también se construye con la fuerza de las ideas y el lenguaje público de la responsabilidad.
Pienso en su larga historia. Los sueños de democracia, las palabras y las voces ciudadanas, sus clamores por una verdadera educación de calidad y, lo último, una sociedad donde todos seamos servidores públicos.
Los derechos humanos existen para recordarnos que la condición de persona está por encima de las diferencias que ubican a los seres humanos en distintas categorías de acuerdo a su situación y posición en el mundo.
Las familias actuales son distintas en conformación y estructura. En el esquema prevaleciente en el siglo XX la familia nuclear respondía a un tipo de familia y sociedad imperante.
Desde el mundo de las mujeres, las primeras asociaciones que conocemos son las mujeres de la familia. Ellas constituyen una parte de nuestra identidad, las más próxima y cercana para concebir la vida bajo nuestra propia dirección o luchar por el reconocimiento de las ideas propias y visiones del mundo. Para pensar en el futuro como devenir y no como destino.
América Latina es mágica, también cruda, desigual, violenta y esperanzada. Aún nos falta superar los índices de pobreza y exclusión que nos dejan atrás. Y las niñas y niños cuyas familias tienen niveles de ingreso inferiores al mínimo vital, siguen sujetos a su suerte. Las políticas sociales en muchos países de la región son bienintencionadas, declarativas y epidérmicas.

