Santuarios y reservas naturales
Impresionantes paisajes, lagunas y vertientes de aguas transparentes, caídas de agua y extensos bosques son algunos de los importantes atractivos naturales que se encuentran al norte del municipio de Quillacollo, que se prestan para el turismo de aventura, pero sobre todo son grandes reservas ecológicas y áreas de conservación de flora y fauna.
Ubicado en las faldas del Parque Tunari, al norte del municipio, a 3.800 metros sobre el nivel del mar, se encuentra San Miguel un bosque de kewiñas, planta nativa endémica de zonas de altura cuyo tronco parece estar descascarándose. Es un excelente combustible natural que es utilizado por los pobladores del lugar.
Este bosque, en el que también se encuentran pinos y eucaliptos, posee una gran biodiversidad de aves y mariposas. En la comunidad hay un observatorio de aves desde donde se puede ver el vuelo de los cóndores.
Descendiendo de las montañas, se encuentra la comunidad de Chocaya donde se construyó la segunda planta para la generación de electricidad, en las propiedades de Simón I. Patiño. Hoy es una zona de producción agrícola, favorecida por las aguas del río. Su valor paisajístico es de gran importancia.
En los límites norte del municipio de Quillacollo, en el pico de la Cordillera del Tunari se hallan innumerables cuencas pequeñas alimentadas por aguas cristalinas y frías del deshiele del nevado, con sus respectivas torrenteras. Son hábitat de aves palmípedas: huallatas, gaviotas, patos, además de encontrar en algunas de ellas especies acuáticas como la trucha y el pejerrey.
La quebrada Pihusi del municipio, también en la zona norte, es otro escenario natural maravilloso, donde existen varias cascadas, cuyas alturas varían de siete a 10 metros.
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