Bolivia importa todo, incluso la deflación
Probablemente una de las variables que más preocupación e interés suscita es la política cambiaria. En encuentros casuales, fiestas, reuniones de amigos o eventos académicos, siempre me preguntan qué suerte correrá esta variable, si se mantendrá estable el tipo de cambio, se devaluará el boliviano...
Para comenzar el debate, algunas definiciones. El tipo de cambio nominal es el precio de la moneda extranjera en el mercado nacional. Es el valor del dólar, rublo o real expresado en bolivianos. Por ejemplo, un Washington se compra en un 6,96 bolivianos en la Camacho Street, la prima pobre de Wall Street, en Nueva York.
El tipo de cambio real es un indicador de los precios en dólares de una canasta de bienes y servicios de un país en relación con la de otro, y mide la competitividad de una economía. Por ejemplo, cascarle una hamburguesita en La Paz es más caro que en Nueva York o Dubái. En efecto, una Big Mac en combo en la Gran Manzana cuesta 5,28 dólares y en la Ciudad Maravilla, 6,45. Con este índice diríamos que el tipo de cambio real en Bolivia está apreciado en un 22 por ciento.
Desde una perspectiva más amplia, el tipo de cambio real apreciado mide cuán caras están nuestras exportaciones para los socios comerciales y cuán baratos, los productos que importamos.
Desde hace más de siete años, el tipo de cambio nominal en Bolivia está fijo, pero el de cambio real estaría apreciado en algo que varía entre 22 y 40 por ciento, si tomamos como referencia los principales socios comerciales de la región. Es decir, los productos que vendemos a estos países han perdido competitividad y sus bienes están más baratos en nuestros mercados.
Esto es resultado de la política cambiaria que sigue el Gobierno, que creo que no cambiará en el corto plazo. En otras palabras, veamos por qué razones no habrá devaluación.
Comencemos con las técnico-económicas.
1) La estabilidad monetaria financiera está anclada en un tipo de cambio nominal fijo, aunque el Gobierno dice que el precio de la moneda extranjera, el precio del dólar, fluctúa entre bandas. Pero en la percepción de la gente, el tipo de cambio está fijo y al final del día se trata de las creencias (expectativas) de las personas y no de lo que el Gobierno sostiene.
2) Puesto que nuestras exportaciones siguen sobreconcentradas en la venta de materias primas, una devaluación no aumentaría el nivel de esas exportaciones, no venderíamos más gas, minerales o soya. En el primer caso porque la cantidad de ventas del energético está establecido en un contrato. En el segundo, nuestra participación en el mercado es muy pequeña, una devaluación no nos ayudaría a vender más granos o minerales.
3) En un modelo primario exportador rentista abierto al exterior, un tipo de cambio nominal fijo y real apreciado ayuda a mantener una inflación baja porque todos los bienes y productos que se importan de otros países son más baratos, más aun si las monedas de estos países se han devaluado, como ha ocurrido en las últimas semanas en Argentina. En otras palabras, la política cambiaria populista permite importar deflación. Es decir, en el país se importa casi todo, incluso inflación más baja. Esto ayuda a mejorar los ingresos medios.
Veamos ahora las razones políticas.
4) Un tipo de cambio real apreciado es un mecanismo muy efectivo de captura de rentas. Con esta variable fija, en los últimos 10 años, nuestras importaciones legales han subido de 2 mil millones de dólares a más de 10 mil millones. Si a esto añadimos el contrabando, llegamos a 13 mil millones de dólares. De esta cantidad de recursos viven aproximadamente 2,5 millones de personas, tanto en el sector formal como informal. En estos sectores ha mejorado la renta, hay menos pobreza y se ha creado una burguesía comercial. El populismo cambiario ha creado una renta enorme y la distribuye entre mucha gente. Devaluar en vísperas de elecciones sería un suicidio electoral.
5) En un sistema financiero en el que el 98 por ciento de los préstamos y el 85 por ciento de los depósitos están en dólares, devaluar tendría un enorme impacto distributivo negativo sobre miles de personas que han creído en este tipo de estabilidad.
6) Asociado a la estabilidad del tipo de cambio nominal y real apreciado, se ha creado probablemente la burbuja de consumo más gigante de Bolivia. Devaluar haría explotar la burbuja.
Por supuesto, el populismo cambiario tiene una enorme audiencia y muchos grupos que se benefician. Los perdedores son los productores nacionales que venden en el mercado interno y los exportadores de bienes o servicios no tradicionales que no tienen competitividad a nivel internacional con un tipo de cambio real apreciado.
La política cambiaria (tipo de cambio fijo y tipo de cambio real apreciado) actual es funcional al modelo primario exportador rentista y comerciante, pero contraria a una política de diversificación productiva y desarrollo industrial, pero éste es un tema que no está en la agenda de políticas públicas de quien quiere perpetuarse en el poder a base de clientelas rentistas.
Así, en el corto plazo, es poco probable que haya una devaluación, especialmente ahora que han mejorado los precios del petróleo. Lo que no sé es cómo definir corto plazo.
El autor es economista
Columnas de GONZALO CHÁVEZ A.




















