Remedios que se convierten en veneno
El sistema de salud público y privado en Bolivia es un desastre. En La Paz tenemos apenas 54 médicos intensivistas (deberíamos tener 600) y 87 unidades de terapia intensiva, UTI, (deberíamos tener 300). Buena parte de las clínicas privadas son hoteles donde te ponen suero. Ciertamente la realidad es similar en otras regiones del país.
La precariedad del sistema de salud es la prueba del derroche e incompetencia con que se manejó la bonanza económica en los últimos 14 años del gobierno de Morales. Esa es la verdad de los hechos que la historia juzgará, pero ahora que estamos en guerra contra el coronavirus estas carencias no pueden ser utilizadas como pretexto para no hacer nada. Debemos pasar de la problemática a la “solucionática”.
El coronavirus es la primera pandemia de un mundo globalizado, navegamos en aguas totalmente desconocidas y por lo tanto los desafíos son complejos. A seguir, me permito compartir con ustedes algunas ideas y propuestas que se nutren de un seguimiento que vengo haciendo a las estrategias sanitarias en varias partes del mundo, de discusiones con especialistas del tema y también de contribuciones de amigos de las redes sociales.
Voy a seguir insistiendo en que para este momento dramático que vivimos la unidad política es fundamental. Necesitamos liderazgos visionarios y patrióticos y no politiqueros que buscan solo pescar votos en río revuelto. Asimismo, debería crearse un comité nacional de crisis compuesto por las personas más capacitadas que tenga el país en diferentes áreas, independientemente de su origen partidario o corporativo. También es muy importante que se elabore estrategias para la salud con una visión de corto y largo plazo.
Las medidas adoptadas por el Gobierno van en la dirección correcta. Sin duda se debe reconocer el esfuerzo que se está haciendo y aportar con ideas, que eso es lo que nosotros podemos hacer, desde esta trinchera dominical. El desafío está en avanzar en la visión, en la integralidad de las políticas, en el sentido de urgencia, en una mayor coordinación entre lo nacional, departamental y municipal, en evitar la politización de las medidas y mejorar significativamente la comunicación.
Los partes de guerra del Ministro de Salud, donde se habla de contagios y muertos, deben ser complementados con datos sobre número de camas nuevas, UTI disponibles, ventiladores artificiales, nuevos test disponibles, avance de los hospitales de campaña, equipos de pruebas y rastreo y nuevos laboratorios para detectar contagios, entre otros.
La cuarentena en la cual nos encontramos es un paso muy importante, sin embargo no es la solución. En realidad, lo que estamos haciendo es comprar tiempo, un tiempo por supuesto muy caro en términos económicos. Por lo tanto, este frenazo debe ser utilizado para mejorar la estrategia sanitaria y aumentar su velocidad de implementación. Por ejemplo, estar preparado para realizar miles de pruebas para detectar el coronavirus es clave para salir de la cuarentena.
Las gripes y resfríos comunes se avecinan con el invierno. Se debería adelantar el periodo de vacunación contra estas enfermedades, en especial para la gente mayor, haciendo campañas casa por casa. Así se detecta mejor el coronavirus reduciendo el universo de confusión de síntomas.
Asimismo, se debe, informar con claridad sobre el protocolo para pacientes de coronavirus. Quién los puede atender y dónde. Se puede crear un aplicativo para teléfonos inteligentes, donde se registre a los contagiados y sospechosos, pero también que indique, en tiempo real, otro tipo de información para los médicos, como las camas disponibles en los hospitales y la disponibilidad de equipos de terapia intensiva.
Dada la gravedad del momento, se debe crear un servicio civil obligatorio de médicos intensivistas, para que trabajen bajo contratos especiales con el Estado, en turnos, en los hospitales dedicados al tratamiento del Covid-19. Estos escasos profesionales intensivistas también podrían asistir, vía vídeo, a médicos que estén en los hospitales. Es el momento de la telemedicina.
Las salas de terapia intensiva en clínicas privadas de La Paz deben ser declaradas de utilidad pública y ser puestas a cargo del Estado. Este debe pagar los costos operativos de los equipos.
Espacios públicos gigantes, como el campo ferial de La Paz, deben ser convertidos en hospitales de campaña. El barrio de Seguencoma, donde está ese campo, es la parte más baja de la ciudad. Muchos sostienen que el tema del oxígeno es vital para combatir esta enfermedad.
Se debe apoyar y contratar emprendedores nacionales que están haciendo respiradores para las emergencias. Los 500 pulmones artificiales están llegando en algunas semanas, sin duda alguna es un gran paso, pero no son suficientes.
Para cerrar un concepto general. Remedios excepcionales, en materia de políticas públicas, se convierten en veneno cuando se usan como medicamentos políticos y se los electoralizan.
El autor es economista
Columnas de GONZALO CHÁVEZ A.


















