El narconegocio se adapta a la nueva normalidad
Cambiaron las rutas, los medios y la variedad en la oferta, pero el narconegocio, con todas las víctimas que deja en el camino, continúa boyante. Incluso ha crecido y se prevé que crecerá, una tendencia ya previa a la pandemia, pero acelerada por ésta.
De ello dan cuenta las voces oficiales de los organismos más aplicados al tema. "Hay más personas consumiendo drogas, más sustancias y más tipos de estupefacientes que nunca", señalaba en junio, cuando el escenario de la Covid-19 ya se hallaba plenamente consolidado, Ghada Waly, la directora de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (Onudd). Presentaba entonces el informe sobre el consumo mundial de estupefacientes. Y éste ratificaba: "El mercado de drogas se está volviendo cada vez más complejo. Sustancias de origen vegetal como el cannabis, la cocaína y heroína se unen a cientos de drogas sintéticas, muchas sin control internacional".
- Narco guerra por la Covid
Semanas antes, tras el shock de la parálisis desatada por la pandemia, el narcotráfico, eje financiero de las principales mafias latinoamericanas, había experimentado frenos a la demanda y la oferta. "La venta de droga en Estados Unidos cayó -sostenía el columnista mexicano Héctor de Mauleon en un editorial publicado por el diario El Universal el 13 de abril-. Los precursores químicos, que llegan masivamente desde China dejaron de llegar a los puertos mexicanos. Al mismo tiempo crecieron las dificultades para el contrabando de drogas a lo largo de la frontera, por lo que el precio de los enervantes se ha incrementado".
Era uno de esos escenarios clásicos que predisponen a la violencia entre las organizaciones criminales. Y la narcoguerra de los tiempos de la pandemia Covid-19 llegó. Los registros de muertes relacionadas al narcotráfico en México, por ejemplo, en varios casos, rompieron récords. Marzo y abril constituyeron meses en los que hubo muertes por esta causa en cantidades similares a las de los tiempos más virulentos de la guerra contra las drogas, hace casi tres lustros. Se llegaron a contar entre 110 y 155 asesinatos ligados al negocio de las drogas en un solo día.
Tras la guerra, y sus consecuencias de reajuste de rutas, provisiones, técnicas y administradores, empezó la que podría denominarse “nueva narconormalidad”. Según la Onudd, los narcotraficantes entre sus nuevas rutas y métodos, aumentaron sus actividades a través de mecanismos digitales y envíos tanto postales como a pedido.
- Narco alternativas
Debido a la cuarentena y otras medidas, dos vías notablemente afectadas resultaron la aérea y la terrestre. La disminución de frecuencias y tipos de viaje, sumada a controles rigurosos de las cargas complicaron severamente el paso de la mercadería ilegal de todo tipo por estas vías. Sucedió especialmente entre México y EEUU, y para el comercio de drogas sintéticas anfetaminas y así como, en el caso de las terrestres, para la heroína. Ello derivó en incautaciones récord de diversas drogas en los puertos marítimos de Europa. El fenómeno derivó en un alza del precio de las drogas y una baja del consumo, sobre todo de las drogas estimulantes.
También indujo a los narcos al uso de sus fortunas para fortalecer mecanismos alternativos de transporte. Es el caso de los "narcosubmarinos". El 31 de marzo, la marina colombiana capturó en aguas del océano Pacifico un "narcosubmarino" que transportaba aproximadamente una tonelada de cocaína a bordo. Ninguna gran sorpresa, se trataba del décimo segundo sumergible de ese tipo interceptado en el primer trimestre de 2020.
Paralelamente, la ONU ha advertido que la ausencia de opioides debido a las restricciones ha podido llevar a buscar sustitutos como el alcohol, las benzodiacepinas o las drogas sintéticas. También se ha podido sustituir la heroína por sustancias más dañinas producidas localmente, como el fentanilo, un analgésico sintético 50 veces más potente y, por lo tanto, varias veces más riesgoso. Similarmente se prevé que hayan aparecido patrones de consumo más dañinos con sustancias inyectables. Estas traen el riesgo añadido de transmisión de males como el VIH/sida o la hepatitis-C.
Los narcotraficantes también se adaptaron a las propias dinámicas de la pandemia. Han seguido demostrando su poder político, social y económico en medio de la singular crisis global. Varios fenómenos fueron comunes en todas las estructuras del crimen organizado en América Latina, desde los carteles mexicanos a las "milicias" urbanas brasileñas y las bandas criminales colombianas. Una de esas manifestaciones, la más elocuente de todas, constituyeron las “narcoayudas” a las poblaciones afectadas por el confinamiento y su consecuente crisis económica.
- La ayuda “desinteresada”
Las ayudas con el rostro del Chapo Guzmán fluyeron por diversas ciudades del Estado mexicano de Sinaloa. Respetuosos de los rigores de la pandemia, los paquetes populares incluyeron, junto a alimentos y vituallas, papel higiénico, alcohol en gel y barbijos. En abril los medios mexicanos mostraban a pistoleros, pertenecientes al Cartel Jalisco Nueva Generación, entregando comida en la población de Cuautitlán. Lo propio sucedió con emisarios del Cartel del Golfo en el Estado Tamaulipas y "los Viagras", en Michoacán, entre varios otros.
En Colombia, la modalidad resultó la llegada de ayudas más discretas, en efectivo, a las barriadas que luego merecían agradecimientos públicos, especialmente en Medellín. Mientras que en Brasil, los militantes de los “comandos” ayudaron comedida y disciplinadamente a facilitar las atenciones, las medidas de aislamiento y el traslado de enfermos hacia centros hospitalarios. Por este tipo de actividades hasta abogaron algunas autoridades sanitarias, incluido el ahora exministro de Salud Luiz, Henrique Mandetta.
Pero las autoridades de seguridad, en todos los casos, advirtieron en las “narcoayudas” la estrategia de expansión de redes de servicio, fidelidad y encubrimiento en diversas capas de la sociedad. En suma, no fallaron con el hilo a la puntada. Los cárteles buscaron apoyo popular creando redes informales de apoyo a las comunidades que enfrentan la ruina por la pandemia y guardan pocas esperanzas de recibir ayuda estatal.
- El mercado
Probablemente también se trate de una expansión del mercado de consumidores. La Onudd advirtió que la actual crisis económica afectará especialmente a las personas más vulnerables. Las propias tensiones y temores desatados por el escenario Covid, el aumento del desempleo y de la pobreza pueden llevar a un incremento del consumo de drogas. También es probable que se haya inducido a que más gente contemple el cultivo ilícito de la materia prima o el propio tráfico de drogas como opciones para subsistir.
En tal previsión, la ONU pidió que no se repita la respuesta de la crisis de 2008, que consistió en reducir los fondos de prevención, asistencia y tratamiento a problemas de drogas. La Organización de las Naciones Unidas también apunta a diferencias sociales: mientras que la mayor prevalencia de consumo se da en las capas más favorecidas, los problemas más graves de drogadicción se registran sobre todo entre los más pobres. El informe de abril señala: "Los datos de varios países sugieren una asociación entre patrones dañinos de consumo de drogas y bajos ingresos".
Según evaluaciones de la ONU, en 2018 había cerca de 269 millones de consumidores de drogas en el mundo, es decir, un 5,4 por ciento de la población adulta, o una de cada 19 personas del planeta. Esa cifra es un 30 por ciento mayor que en 2009. La misma fuente señala que más de 35 millones de personas padecen trastornos graves por drogadicción y ha establecido que, debido al consumo de drogas, cerca 585.000 personas mueren cada año.

























