Correr para comer o correr para vivir
“Cada mañana en África, una gacela se despierta sabiendo que deberá correr más rápido que el león más rápido o éste la matará. Cada mañana en África, un león despierta sabiendo que debe correr más rápido que la gacela más lenta o morirá de hambre”.
Son muchas las veces que hemos escuchado esta historia. En la jungla, estos dos animales —gacela y león— saben perfectamente que sólo tienen tres tareas principales que cumplir en ese día y en su vida: correr, correr y correr. La gacela, para no ser devorada por el león, y el león, para satisfacer su hambre.
La gacela puede llegar a correr 85 kilómetros por hora y el león, 80; algo que considero bastante parejo como para competir, no existe mayor diferencia que aventaje más a uno que al otro porque no hablamos de una desproporción, pues están en condiciones más o menos iguales; por ello, la gacela no debe ser lenta y el león debe moverse más rápido. Un metro puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, el hambre y la saciedad, sólo que no todo es la velocidad.
Me encanta utilizar esta historia y convertirla en una analogía útil para mi vida. A veces siento que el mundo es como una jungla, una verdadera selva donde reina el más fuerte, aunque haciendo un alto, tal vez no sea el más fuerte, sino, el más veloz… a ver, siendo coherente con lo que expuse anteriormente, no sólo el más veloz, sino también el más hábil.
Podría yo elegir ser una gacela o un león, consciente de que, sin importar lo que sea, todos los días, cuando salga el sol lo mejor será que me ponga a correr. ¡Ayayay! Pero ¿qué estoy descubriendo? Primero, que lo importante no es lo que sea sino lo que haga cada día. Debo correr. Por tanto, sea gacela o león, la acción es la misma.
Segundo, si elijo ser una gacela y no corro lo suficiente, muero devorada, pero si decido ser un león y no corro lo suficiente, sólo pasaré hambre. Sin lugar a dudas, la derrota para la gacela es mucho más costosa que para el león. En este punto, decido ser un león.
Sin embargo, y como tercer descubrimiento para mí —seguro que habrá muchos que me antecedieron pero insisto en que esto es nuevo para mí—, la gacela sólo duerme una hora al día, se mueve en una manada de aproximadamente mil iguales que ella, es sumamente veloz y su vista de 360 grados le permite divisar a sus enemigos a 300 metros. Esto la coloca en un sitial ventajoso para conservar su vida. En otras palabras, dependerá del uso de sus habilidades y de su ubicación poco expuesta para que un depredador no la agarre. A esto yo llamaría estrategia basada en sus particularidades únicas y diferentes.
Entonces, confirmo que no sólo la velocidad es importante para no morir, sino también otros factores a considerar como la ubicación estratégica dentro de la manada, el uso de sus cualidades particulares, pues tiene fortalezas que otras especies no las tienen —como el león— y, por último, en el caso de que deba huir, la gacela tendrá que correr en la dirección correcta y entonces dependerá de su habilidad.
Considero que vale la pena preguntarnos, en esta jungla, ¿soy una gacela o un león? ¿Decido correr para comer o decido correr para vivir? Definitivamente “la vida es más que la comida” (Lc. 12:23).
Muchas veces nos apantallamos con las apariencias y las comparaciones. A simple vista, todos preferimos simbolizar comportamientos de “leones” porque nos muestran más fuertes, veloces y hábiles. Desde ya, es un animal que figura reinado en la selva; no obstante, al final del día habría que preguntarse: ¿corro para comer o corro para vivir?


















