Circuito religioso, un legado de siglos
Cochabamba cuenta con un circuito turístico y religioso que se realza durante Semana Santa por sus características patrimoniales. Se trata de estructuras que se comenzaron a edificar tras la fundación de la Villa de Oropeza.
El templo de Santo Domingo, Santa Teresa, la iglesia del Hospicio y la Catedral Metropolitana forman parte de la herencia de los feligreses en Cochabamba desde el siglo XVII.
Antes de 1542, con un solo cañón y un techo de dos aguas, de adobe y piedra se erigió la Catedral Metropolitana, en aquel tiempo como una pequeña parroquia, costeada por los vecinos de la remota Kanata, según señala el archivo histórico de la Casa de la Cultura.
El cabildo de la Villa delega la obra a Domingo de Mazo, en 1916, sin embargo, la nueva edificación de la Iglesia Matriz comenzaría en 1701. En 1735, un edificio de piedra comienza a tomar forma.
Actualmente, la catedral presenta diversos estilos arquitectónicos, rococó y gótico en los altares, barroco en las imágenes. El campanario cuenta con cuatro cuerpos de caras lateras y campanas de bronce.
“Se había pensado que la catedral tenga dos torres, sin embargo, por temas económicos, en aquellos tiempos, sólo se logró construir una”, afirmó el coordinador del arzobispado, Gabriel Fuentes.
En el templo de Santo Domingo predomina la arquitectura mestiza. Está en la avenida Ayacucho y resalta por figuras tarabuqueñas esculpidas en los capiteles pétreos de la fachada. Esta iglesia fue fundada en 1612 como anexo del convento de los Dominicos, la primera infraestructura fue construida en 1638, modesta y primitiva, la planta original fue sustituida posteriormente en 1778. En una tercera etapa entre 1968 y 1970 se remodeló.
“La iglesia constituye la última obra ornamental de la arquitectura colonial religiosa de Cochabamba con detalles de los templos mestizos del altiplano”, rezan las escrituras del arquitecto Caballero en el archivo histórico.
Hacia el centro del casco viejo se encuentra el Convento Santa Teresa con la imponente entrada de piedra y al fondo el altar dorado, son el legado del claustro creado para las señoritas con vocación religiosa, consta de dos construcciones.
La primera fue elevada en 1753 que quedó inconclusa y dejó vestigios de puertas y paredes entre las capas de cal que recubren las opulentas paredes de la obra, según el relato del capellán del convento, Linton Guzmán. Recién en 1792 se edificó la obra final.
Finalmente, en la plaza Colón se ubica el templo del Hospicio que se fundó en 1857 como iglesia y convento por orden de los padres franciscanos de Tarata. La infraestructura nace por la necesidad de crear un albergue para los misioneros del Beni y Guayaramerín que reposaban por temas de salud. De estilo neobarroco, bizantino clasicista, sin cúpula, resalta en su fachada colores vivos. El arquitecto José Rosseti fue el encargado de levantar los cimientos del lugar.



























