Venezuela y nuestro futuro
Dos hechos merecen hoy la atención de quienes ven con preocupación el futuro de nuestro país. Las elecciones primarias que manera tan forzada se ha empeñado en llevar a cabo el gobierno del MAS es uno y el vertiginoso ritmo como el régimen chavista de Venezuela se acerca a su hora final el otro.
En circunstancias normales, habría que dar más importancia al acto electoral que hoy se realiza. La crisis venezolana, en cambio, podría ser vista como algo ajeno.
Sin embargo, por una penosa combinación de factores, eso no es así. Se podría decir incluso que cuanto está ocurriendo en Venezuela es mucho más importante para definir el futuro político de Bolivia que el simulacro electoral de hoy.
Las razones que dan sustento a esa afirmación son muchas. Las que privan de cualquier relevancia a las elecciones primarias son obvias. Es tan absurda la farsa que nadie, ni en las filas del oficialismo ni en las de la oposición, y mucho menos entre quienes ven el hecho con mirada acuciosa, pueden tomarla en serio y mucho menos atribuirle alguna influencia sobre el curso que a partir de hoy tomarán los acontecimientos políticos.
No puede decirse lo mismo de la debacle venezolana. Es que en una especie de suicidio político, los estrategas del MAS han decidido unir la suerte del “proceso de cambio” que conducen a la del chavismo. Eso significa que el futuro del régimen masista depende más del desenlace de la batalla final que está librándose, en las calles y los cuarteles de Venezuela y los pasillos diplomáticos de todo el mundo, entre Nicolás Maduro y Juan Guaidó, que de los resultados que al final de esta jornada arrojen las urnas.
Lo que une tan estrechamente ambos hechos se llama legitimidad democrática. Y es que lo que está por ponerle un punto final a más de dos décadas de chavismo no son los aciertos de la oposición venezolana, que son prácticamente nulos, sino los desaciertos del chavismo encarnado en Nicolás Maduro.
El pasado 10 de enero fue la fecha que marcó el fin de una etapa y el inicio de otra. Ese día, Maduro asumió su segundo período de gobierno amparándose en unas elecciones, las de mayo pasado, desprovistas de legitimidad. Por eso, a partir de ese día, su continuidad se hizo indefendible.
Dada la actual tendencia del proceso político boliviano, es probable que algo así ocurra el 22 de enero de 2020 en nuestro país. Razón más que suficiente para que las lecciones que está dando Venezuela sean atendidas por quienes todavía pretenden replicar en Bolivia una fórmula muy similar.

















