Plataformas y 21-F, de las protestas a las propuestas
En una entrevista publicada El 17 de octubre de 2011 en el diario El País de España, el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman advertía a la sociedad con una serie de criterios sobre el impacto social y político que podía tener a futuro el Movimiento 15-M, también llamado movimiento de los indignados. Lo hacía a la luz de su controvertido e iluminado concepto de “modernidad líquida”, exponiendo los atributos y falencias de una sociedad que se niega a continuar anclada, estática y rotando sobre su propio eje, hacia un mismo lado.
“El 15-M es emocional, decía, le falta pensamiento. Con emociones solo, sin pensamiento, no se llega a ninguna parte”. “La emoción es (¿cómo no?) ‘líquida’. Hierve mucho pero también se enfría unos momentos después. La emoción es inestable e inapropiada para configurar nada coherente y duradero. De hecho, la modernidad líquida. dentro de la cual se inscriben los indignados, posee como característica la temporalidad, las manifestaciones son episódicas y propensas a la hibernación”. Ocho años después, parece que Bauman acertó. El 15-M y los indignados se sometieron al escrutinio del concepto líquido de una sociedad que va cambiando, fluyendo en una dinámica que si no es fortalecida y estructurada en su tiempo exacto a base de pensamientos, estrategias y liderazgo, corre el riesgo de ser transitoria y de fluir hacia nada, hasta ser opacada, de nueva cuenta, por la pesadez e imbecilidad de la política corrupta y demagoga de los gobiernos de siempre.
La modernidad líquida es una metáfora del cambio: “Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen. Como la desregulación, la flexibilización o la libertad de los mercados”. Bauman narra contradicciones, desencuentros y contrariedades de nuestra sociedad que paulatinamente se va transformando. La humanidad está sufriendo esa modernidad líquida sin certezas. Una incertidumbre social, económica y democrática que rompe con esquemas políticos e ideológicos que por mucho tiempo se encargaron de etiquetar a sus sistemas.
En Bolivia, las plataformas ciudadanas y la lucha por el respeto al 21-F nacieron de ese hartazgo general hacia un gobierno nefasto, corrupto y ambicioso. Los movimientos sociales, articulados a través de plataformas, se fortalecieron a la luz de un discurso casi homogéneo que reclamaba y aún reclama transparencia, cambio, igualdad de oportunidades y democracia. Su estallido jamás había sido tan legítimo, tan fidedigno hacia un propósito colectivo. Nadie los empoderó, los apadrinó, ni los legitimó. Por sí mismos lograron ser artífices de su propio poder, de su legitimidad y de su propósito hacia un cambio real de sistema.
Los movimientos sociales, desde las plataformas, adoptaron un concepto de lucha conjunta pero anónima, es decir, las redes, como medios de difusión y de intercambio de opiniones impersonales, masificaron, mas no particularizaron una interrelación personal, cara a cara, que proyecte y diseñe la construcción de otro tipo de organizaciones mucho más próximas a un bloque político social que proponga, a través de un discurso alternativo y alterativo, un cambio profundo y nuevo.
A las plataformas y al 21-F les falta, pues, un hilo conductor mucho más activo y contundente en el espectro político. Entendido este como una necesidad urgente de visualizar e identificar mecanismos que denuncien y condenen los abusos de poder de este gobierno, la espantosa corrupción institucionalizada. Es vital favorecer una democracia real e inclusiva. El rescate de una justicia sitiada y vendada y, desde luego, la lucha por devolver a los bolivianos la confianza en sus gobernantes y sus autoridades.
Para que las plataformas y los movimientos sociales logren ganarle espacio real al gobierno corrupto y antidemocrático de Evo Morales Ayma, deben decidir taxativamente entre ser una fuerza que bloquea, grita eslóganes y se organiza para protestar en marchas, o entrar, con todo, al ruedo político con líderes jóvenes, discursos colectivos frescos y plantear alternativas que visibilicen un verdadero plan inclusivo y progresista. “Las gentes de cualquier clase y condición se reúnen en las plazas y gritan los mismos eslóganes. Todos están de acuerdo en lo que rechazan, pero se recibirían 100 respuestas diferentes si se les interrogara por lo que desean”, anota Bauman.
Los 13 años de gobierno Estado de Evo Morales, se han caracterizado por acumular espacios y cuotas de poder que dieron lugar a una ineptocracia hipercorrupta y degradante sin precedentes. Esto no es novedad, sin duda, pero si tuviéramos que evaluar en profundidad las terribles asimetrías sociales, económicas y culturales de este país, los resultados finales serían desastrosos. El Estado y el Gobierno son del MAS, para el MAS y desde el MAS. Esa es la gran desfachatez de Evo, haber convertido al Estado en el patio trasero de su gobierno.
Pero para eso, tuvo que menoscabar la institucionalidad y doblegar la democracia para facilitar sus caprichos y sus ambiciones y así crear un feudo que, hasta hace poco más de un año, era infranqueable. Ahora, gracias a su enciclopedia de la corrupción y autocracia, el desgaste de su administración es evidente y está en caída libre. Sus hilarantes elecciones primarias donde todos los candidatos ganaron, es un manual sobre cómo pisarse la propia cola con todo éxito. Evo le ganó a Evo con dizque el 40% o 45% o 50%, elija usted el porcentaje. Da lo mismo para un caso ridículamente inédito en el mundo. Donde Evo propuso como único candidato a Evo, Evo fue contrincante de Evo, Evo le ganó a Evo, Evo dio ‘waska’ a Evo, Evo derrotó a Evo y, finalmente, Evo quedó frío y pálido al saber que a su gran militancia que, según él y su desubicado copiloto juraban iba a votar por Evo, no le dio la gana de votar. Algo así como ese único agricultor que cultiva su trigo, cosecha, muele, amasa, hace el pan, hornea y lo vende y, para el colmo, pierde como en la guerra y no sabe por qué carajo le fue tan mal.
La gran virtud que poseen las plataformas sociales y la defensa del 21-F es haber surgido de un tronco común: su legitimidad yace, todavía, en tener cierta independencia político partidista. Su nacimiento fue colectivo y neto. Sin embargo, creo que pueden correr el riesgo de diluirse o ser opacados por un gobierno que, está claro, no tiene escrúpulos para borrar del mapa aquello que le incomoda. Más allá de los eslóganes de: Bolivia dijo NO y el 21-F se respeta, tiene que estar la iniciativa política de peso y contrapeso.
¿Por qué es particularmente importante que las propuestas y la creación de liderazgos surjan de las plataformas y se consoliden como fuerzas de cambio que influyan en el panorama político nacional? Porque directa o indirectamente, los nueve binomios habilitados para las elecciones generales de octubre, incluyendo a Evo y Cía., siguen siendo una torpe y anacrónica forma de hacer política en este exótico país.
En el caso del evomasismo, sería la prolongación, a perpetuidad, de un gobierno corrupto, autócrata y anticonstitucional.
No basta con protestar y pedir que Evo respete el referendo del 21-F y renuncie a su candidatura. Es necesario propiciar la reconstrucción del tejido social y político de este país. Devolver la convicción a los bolivianos, la fe y la confianza en su Gobierno.
Evo Morales y el MAS ya lo perdieron todo. Ese vacío de liderazgo, ético, moral y político debe ser reclamado con urgencia. Las plataformas ciudadanas y los movimientos sociales en pro de un cambio integral tienen la obligación de llenarlo.
El autor es comunicador social
Columnas de RUDDY ORELLANA V.

















