La prensa, en la mira
Por su naturaleza, el riesgo en el trabajo periodístico es una constante. En los conflictos los periodistas no están exentos de quedar en el medio del enfrentamiento o resultar heridos cuando cubren una tragedia natural, como un derrumbe. Hay un sinnúmero de situaciones para ilustrar lo dicho. Sin embargo, otro tema es cuando los reporteros son maltratados adrede por las fuentes y otros actores.
En lo que va del año, cinco periodistas de medios cochabambinos han denunciado ante la Policía diversas agresiones cuando realizaban su trabajo. Uno de los últimos casos es el de una colega de ATB que recibió un ladrillazo en la cabeza mientras cubría el conflicto municipal en Tiquipaya. El golpe le causó convulsiones, un hematoma en la cabeza y el médico forense le dio tres días de baja. Pese a esto, su presunto autor fue liberado por la fiscal. En esa misma cobertura, a un camarógrafo, también de ATB, vecinos le dañaron la cámara cuando intentaban arrebatársela.
Otro de los hechos ocurrió este miércoles, cuando una periodista recibió un impacto de petardo en la cara durante la marcha de la COB por el Día del Trabajador. Sufrió quemaduras en el pómulo derecho y cabello, pero el caso no se indagó porque se desconoce de dónde se lanzó el explosivo.
Además, de esos tres casos hay dos de violencia verbal que implican a un dirigente del transporte, que luego se disculpó. Y esta lista puede seguir aumentando si se toma en cuenta los sucesos que no se denuncian. Por ejemplo, hace unos meses un periodista de Los Tiempos fue retenido por loteadores en Capinota y otros sufrieron maltratos verbales de la dirigencia del club Aurora.
Lamentablemente se ha vuelto cotidiano el maltrato por parte de diversos sectores y fuentes cuando no están de acuerdo con preguntas y enfoques. Pareciera que los reporteros se transforman en enemigos acérrimos, cuando en los hechos sólo intentan informar. Las agresiones vienen de todo lado: sectores sociales, vecinos, organismos de seguridad y otras fuentes.
El año pasado, por ejemplo, colegas de La Paz denunciaron violencia en la inauguración de la Casa Grande del Pueblo por parte de los encargados de seguridad. Hubo periodistas mujeres que informaron de acoso sexual y manoseos.
A las agresiones físicas y verbales se suma una sistemática censura, desacreditaciones públicas y amedrentamientos. El último informe de Reporteros Sin Fronteras calificó de alarmante la situación de la censura del Gobierno contra medios que considera críticos. De 180 países, Bolivia está en el puesto 113 de la lista. Urge frenar la actitud hostil contra los periodistas, que intentan únicamente hacer su trabajo que beneficia a la sociedad en su conjunto.


















