Embelesado por el valle qochala
Humberto Solares
La idea del libro y mi afición por la historia nacieron hace varias décadas. En realidad soy chuquisaqueño de cuna y cochabambino de corazón. Crecí en una familia que tenía una idea más o menos fija para su hijo único, que fuera médico. Pero no tenía vocación. En 1959 salí del hogar materno para estudiar arquitectura (era buen dibujante influido por mi madre que era muy buena acuarelista).
En 1960 me fui a estudiar al Brasil. De paso por Cochabamba rumbo a Santa Cruz y Puerto Suárez, un día de enero de 1961, me quede unas horas en Cochabamba. Deseaba llegar a la Plaza 14 de Septiembre, pero como no conocía la ciudad en absoluto, camine por la Avenida Aroma y me topé con una gran muchedumbre. Pensé que era alguna manifestación a favor o contra del MNR, pero en realidad se trataba de una muchedumbre enfrascada en las prácticas de la oferta y la demanda de una variopinta variedad de alimentos, ropa, artesanías y sin fin de productos donde cholitas de sombrero blanco y pollera, señoras de cartera y medias nylon, artesanos de origen quechua, caballeros de corbata, jóvenes, jovencitas, todos en medio de una enorme variedad de tonos, colores, olores y sabores, examinaban, regateaban y gritaban sus apetencias. Era una escena nunca había visto en mi natal Sucre ni tampoco en La Paz. Me quedé allí prácticamente todo el día, experimenté y deguste los platillos del variado menú cochabambino y pude saborear la buena chicha. Todo era nuevo para mí y esta escena persistió en mi memoria durante muchos años. Muy posteriormente, supe que el lugar que había causado mi admiración y curiosidad era nada menos que el mercado de Caracota o Plaza Calatayud y aledaños.
Contraje matrimonio con Maria do Carmo Costa Lira, brasileña, que no se aclimató al duro clima de La Paz y nos vinimos a vivir a Cochabamba.
Volví a frecuentar el lugar de mis memorias. Para ese entonces, el fenómeno ferial se había expandido hacia la actual Cancha, y todo ello no dejó de admirarme.






















