Un problema multidimensional
Todos nos preguntamos: ¿por qué la justicia no es objeto de discusión de foros, seminarios o parte de la agenda política del país? A veces escuchamos una que otra propuesta, pero que no es integral o por lo menos no contempla la totalidad del problema.
La justicia y la reforma del Órgano Judicial es un problema multidimensional. Por ello debemos tener esa mirada; es decir, percibir la justicia desde la perspectiva de la pobreza, no solamente bajo el principio de gratuidad, sino con la presencia efectiva y real del órgano judicial en todas y cada una de las provincias del país para resolver por ejemplo el acceso a la justicia: tener jueces en cada rincón del país.
También la justicia tiene que ser encarada desde la ciencia y tecnología, que lleve y difunda información sobre derechos y obligaciones de los ciudadanos a través de las nuevas tecnologías de la comunicación. Por supuesto, también desde el punto de vista económico y financiero, que permitirá ver la autonomía presupuestaria del Órgano Judicial para que sea independiente de las presiones políticas. De la misma manera, tiene que ser visto desde la formación de los recursos humanos en las universidades, es decir, desde el punto de vista educativo, culminando en una escuela de jueces, rigurosa, generadora de doctrina y norma permanente. Asimismo, debe considerarse una perspectiva ética que es fundamental para combatir la corrupción en cualquier de sus formas.
Se trata, pues, de un tema complejo, pero si hay voluntad política (otra dimensión) es posible lograr una reforma integral. Hay estudios y experiencias en América Latina de reformas judiciales exitosas, como las de Brasil, Costa Rica, Chile, incluso Colombia, a pesar de las dificultades que atravesó ese país. Un estudio muy interesante efectuado por la PhD en Ciencias Políticas Linn Hammergen, en su libro “Evaluaciones sobre las reformas judiciales en América Latina durante las dos recientes décadas pasadas”, nos orienta respecto a la claridad en los objetivos que se deben perseguir, los medios y recursos que son necesarios, como también los indicadores de éxito en el avance de la reforma y los principales promotores de las reformas. Siendo estos los propios magistrados, jueces, colegios de abogados, universidades y los partidos políticos.
Un objetivo que deberíamos buscar sin ningún complejo y con firmeza es formar un sistema judicial sólido e independiente como actor clave de la política democrática, que sea al mismo tiempo capaz de eliminar los vicios tradicionales de corrupción, prejuicios, incompetencia y retardación, buscando un rango más alto de accesibilidad para los grupos sociales más amplios en la protección de sus derechos, equidad y la resolución efectiva de sus conflictos, sin dejar de mencionar, la necesidad de modernización judicial en sí misma para satisfacer la mayor demanda de justicia.
Indudablemente la tarea es compleja, el reto de hacerla y hacerla en serio es un desafío para los actores mencionados y una provocación para debatir. Debemos cambiar de verdad las cosas.
El autor es abogado.
Columnas de MARCELO SALINAS GAMARRA
















