Eva tampoco sabe leer
Hace seis años y siete meses, el 31 de enero de 2014, publiqué en este mismo medio el artículo de opinión Evo no sabe leer a propósito de las críticas que acababan de surgir al discurso del entonces Presidente.
En aquella columna dije “…Evo sí sabe leer, comprender y vender su mensaje; además, suena convincente…Evo no sabe hablar. Mentira. Persuade, convence y gobierna”.
En una aproximación de lo que podría ser un análisis de contenido del discurso político del expresidente sostuve que “Evo organiza su discurso en dos categorías: Lo malo, antes de él; y lo bueno, a partir de él. Así, el antes es lo malo, y el ahora es Evo”, y luego de reunir y citar las palabras que él solía usar de manera recurrente y de organizarlas en familias semánticas encontré respuestas en Jean Pierre Faye quien llamaría a este lenguaje el “proceso de la creación de la aceptabilidad” que no es más que “el nacimiento y desarrollo de una jerga que es parte de una estrategia para la toma total del poder”. También acudí a Álex Grijelmo para quien democracia, libertad, justicia, paz, soberanía, vida, humanidad son palabras “grandes que contienen sólo elementos abstractos que transmiten una fuerte carga afectiva universal” y se convierten, aquí, en referentes globales del lenguaje político. Grijelmo también nos permitía comprender que refundación, antiimperialismo y descolonización son poderosas en sí mismas debido a la fuerza del prefijo.
De ese modo traté de explicar que Evo era capaz de construir discursos de gran impacto político muy a pesar de tener incuestionables dificultades para leer.
El 6 de agosto reciente, la presidenta del Senado Eva Copa leyó un discurso. Muchas opiniones coinciden en que Eva tampoco sabe leer por lo que aprovecho para reflexionar sobre este curioso hecho pero esta vez desde lo estrictamente pedagógico.
Que Evo y Eva no lean textos con la solvencia de un adulto medianamente instruido debería avergonzarnos a todos, pero de manera especial a los educadores; y debería convocarnos a comprender las razones de este fenómeno en procura de soluciones, pues Evo y Eva representan una muestra (muy significativa cualitativamente hablando) de las deficiencias de un sistema educativo que evidentemente no enseña a leer ni a escribir ni a comprender ni a razonar.
La semana pasada la Unesco publicó el Estudio Regional Comparativo y Explicativo ERCE 2019 que, en sus partes más sobresalientes dedicadas al currículo boliviano, señala que la comprensión lectora literal e inferencial tiene una presencia muy escasa, y que las estrategias de lectura y decodificación están ausentes dando como resultado que el 52,3% de los estudiantes de tercer grado se ubiquen en el nivel I: “Los niños no son capaces de interpretar lenguaje figurado, reflexionar y emitir juicios y reconocer tipos de textos de estructuras no familiares ni tan cercanas; mientras que el 32,4% de los estudiantes de sexto grado se sitúa en el nivel I de desempeño y el 52,4% en el nivel II; es decir, el 85% de los estudiantes está por debajo de la media de desempeño. Dicho de otro modo, no solo que no saben leer de manera adecuada, sino que no comprenden lo que leen.
El currículo boliviano tampoco ofrece facilidades para el aprendizaje de la escritura, la Unesco lamenta la baja frecuencia de conocimiento sobre el código (sistema alfabético, caligrafía, ortografía y ciertas relaciones de significado); lamenta, también, que la morfosintaxis ocupe un bajo porcentaje y que la coherencia y cohesión estén ausentes.
En síntesis, el currículo nacional no está diseñado para facilitar el aprendizaje de la lectura ni de la escritura debido a tres factores pedagógicos esenciales: organización curricular, métodos de enseñanza-aprendizaje y sistema de evaluación de aprendizajes.
Nuestro currículo destaca por su “diversidad textual” pero, muy a pesar de dicha fortaleza, los estudiantes –en todas las disciplinas estudiadas (Lectura, Escritura, Matemática y Ciencias)– “demuestran aprendizajes básicos” correspondientes al nivel I y II (de una escala de cuatro niveles).
La pandemia de Covid-19, los recientes sucesos políticos y sociales, y la clausura del año escolar han desnudado las groseras y ofensivas brechas con las que convivimos los bolivianos. Todos estamos llamados a eliminarlas o al menos a reducirlas, y la educación es por donde debemos comenzar.
Que la mala lectura no vuelva a ser motivo de mofa o crítica superflua; que sea la razón para ocuparnos de la educación.
La autora es comunicadora social y educadora
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