Evita y la pasión del poder de los hidrocarburos
A mediados del siglo XX, Argentina vivió uno de sus procesos políticos más conmovedores y más aún, con un desenlace melodramático que tuvo nombre y apellido: Evita Perón. Hasta el día de hoy llama la atención que esta mujer supo condensar brillantemente en la praxis el poder autoritario y concebir discursos esperanzadores. Eva María Duarte Ibarguren nació en Los Toldos (1919). Eva Duarte, proveniente de una familia marginal tuvo que emigrar de Junín a Buenos Aires (1935). Llevaba consigo el sueño de ser actriz de teatro, con una maleta de cartón y 100 pesos argentinos.
Era una artista mediocre y una locutora anónima, cuando se le abrió otro camino inesperado. La cita con el destino estaba fijada el 22 de enero de 1944, día en que Eva Duarte trabó amistad con un sonriente coronel del Ejército argentino, llamado Juan Domingo Perón (1895-1974). Eva se acercó a Perón y le dijo la frase que cambiaría su vida: “Gracias por existir”. Estas palabras llegaron al corazón de Perón. Al año siguiente Evita contrajo nupcias con Juan Domingo. Desde entonces adoptó para sí el apellido de gran prestigio militar y político: Perón.
La doble personalidad de Eva estuvo entre ser la esposa del presidente Perón, cuyo rol era recibir honores, ir a cócteles y lucir de gala; la otra Evita, era la mujer del caudillo carismático. En ambos casos hay una mujer elegante, impactante y pomposa que lucía los diseños del afamado diseñador francés Christian Dior.
En 1946 el general Perón fue elegido presidente de Argentina, momento a partir del cual la figura de Eva Perón va en ascenso en el espectro político. Mujer infatigable, fundó innumerables escuelas, hospitales, asilos y consolidó su propia fundación que llevaba su nombre. Su fama trascendió a que la ciudad La Plata, pasó a denominarse ciudad Eva Perón, que fue el nombre oficial por tres años. También los títulos universitarios que confería la Universidad Nacional de La Plata llevaban la inscripción: Universidad Nacional de Eva Perón. Pero la otra cara de Evita fue que no ignorara los peculados, las malversaciones, los desfalcos, las extorsiones y el despilfarro de fondos públicos a que se consagraban, en diversa escala, tanto el general del pueblo, como el hermano Juan Ramón Perón y sus allegados más próximos. Es probable que Eva estuviese en colusión con ellos, como puede inferirse por la colosal fortuna personal que acumuló y que a su muerte sería causa de un complicado pleito entre los Duarte y Perón. Se habló de 300 millones de dólares.
En plena juventud (30 años) Evita cayó enferma, víctima de un mal irreversible: el cáncer. Sin doblegarse siguió luchando hasta sus últimos días, apenas sostenida por inyecciones de morfina. Murió el 26 de julio de 1952. Sus restos fueron embalsamados e idolatrados por más de 2 millones de personas durante ocho días. Sobraron ofrendas florales y rebasaron las lágrimas alrededor del féretro montado sobre un cañón.
El régimen peronista en la praxis favoreció una cultura política del autoritarismo; el descalabro de las instituciones estatales; la instrumentalización de los medios masivos de comunicación y la formación de nuevas élites muy privilegiadas. Pero a pesar de este nefasto legado muchos argentinos y románticos revolucionarios prefieren recordar a este periodo populista como Eva Perón misma alentó a recordarla: “Hubo, al lado de Perón una mujer que se dedicó a llevarle al presidente las esperanzas del pueblo, que luego Perón convertiría en realidades (…). De aquella mujer sólo sabemos que el pueblo la llamaba cariñosamente Evita”.
El autor es comunicador social.
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