La estafa indígena
El último censo está entregando los resultados con cuentagotas y acaba de informar que los ciudadanos que se identifican con pueblos indígenas, originarios, campesinos, son cada vez menos.
Lo que revela que el español Pablo Iglesias, que trajo en 2009 la idea de que el país deje de llamarse república y adopte el nombre de “Estado plurinacional”, porque en el territorio existen 36 naciones, estaba equivocado.
Cuando se dio ese cambio de nombre, los bolivianos llevaban 180 años empeñados en crear la nación boliviana, un proyecto fortalecido por las guerras con los vecinos y las guerras internas.
Los soldados que volvieron de las guerras con Chile, Brasil y Paraguay trajeron el mensaje de que Bolivia existe y que vale la pena morir por ella.
Después de esas guerras el país se fue achicando; pero, lo que creció fue el empeño de crear la nación, como lo habían demostrado los combatientes de toda la geografía.
Y entonces, en 2009, llegaron unos españoles dispuestos a regalarle al MAS un proyecto de gobierno complementario a la idea de Evo Morales de hacer de Bolivia el Afganistán de Sudamérica.
Quizá le dijeron que el dominio del narcotráfico no era una propuesta digna, aunque fuera una revolución que proponía renegar de la economía legal y optar por la ilegal.
Fue cuando el “primer presidente indígena” de Bolivia, y su vice, que se había disfrazado de indígena para asaltar remesas de universidades, se casaron con la idea de Iglesias.
Y aprobaron una nueva CPE en que se hacía el cambio de nombre del país y se revelaba que en Bolivia hay 36 (tres docenas) de naciones originarias que habían sido humilladas por la república.
El texto de la CPE masista fue aprobado a las patadas y el sello final fue impreso en un cuartel militar de Oruro, porque los ciudadanos estaban en contra.
Quince años después se viene a descubrir que, puestos a elegir, los ciudadanos, 62%, prefieren pertenecer a la nación boliviana, a pesar de tener muchos de ellos ancestros indígenas.
Esta es la prueba de que el gobierno del MAS usó aquello de Estado plurinacional, y la existencia de 36 naciones, como un pretexto al que no prestó ninguna atención. En cerca de veinte años no se supo nada de esas tres docenas de naciones, excepto que eran aludidas en documentos para la exportación. Y el hecho de que cada vez menos ciudadanos declaren ante el censo que provienen de pueblos originarios es también una condena a la gestión del que se hizo llamar “primer presidente indígena”, cuando en realidad actuó como cocalero asociado a los narcos.
El autor es periodista
Columnas de HUMBERTO VACAFLOR GANAM