
DESDE LA TIERRA
¿Evo Morales, Luis Arce e Iván Lima definieron el juicio ordinario contra la presidenta constitucional Jeanine Áñez? Lo dudo. Por los antecedentes del Movimiento Al Socialismo (MAS) y por los viajes del dirigente cocalero, posiblemente esa maldad fue decidida en otras capitales; en otros palacios con servicios de inteligencia foráneos.
La misma generación Serrat, completada con hijos y nietos, es parte de otra generación también marcada por un español: la generación Nadal. Millones de personas que admiran al cantautor catalán porque no se dejó absorber por la vorágine de la farándula siguen al tenista mallorquín que triunfa en la cancha y vence en ese mismo tiempo la batalla contra el dolor físico.
Vuela con una capa roja imitando al mítico héroe de los cómics estadounidenses. Vestido de azul, con un cinturón amarillo, aprieta los puños en apronte de batalla. Parece un personaje de la multinacional Marvel. Es “Super Luchito” luchando “por Bolivia”.
“SL” es la sigla del apodo que usó su propaganda electoral. Lo presentaron como uno de los superhéroes de la pantalla, aquellos protagonistas adorados por los niños y adolescentes bolivianos, incluyendo los de origen aimara.
Estremece leer una y otra vez el testimonio de Nadia Murad, la joven galardonada por el Premio Nobel de la Paz en 2018. Nadia soñaba en ser la última mujer usada como trofeo sexual por hombres armados que -como hace siglos- violan, torturan y esclavizan a las esposas, hijas, madres de sus enemigos.
Los periodistas bolivianos no se abrazaron este 10 de mayo pues no es posible celebrar en un ambiente de permanente hostilidad contra su trabajo, sobre todo el del reportero. Porque, además, las instituciones del gremio atraviesan la peor crisis de su historia, desde la Asociación de Periodistas de La Paz anulada por su propia desidia, hasta las federaciones de trabajadores de la prensa, sometidas a un llunku del MAS.
Los hechos delictivos que se suceden en Bolivia con creciente intensidad y frecuencia, desde enero de 2006, no pueden ser calificados simplemente como corrupción, tal como ésta es definida por los expertos y en las convenciones internacionales contra la corrupción. Tampoco son excesos de uno o de varios funcionarios en provecho particular o en incumplimiento de sus deberes.
A inicios de este año, Joan Manuel Serrat —al evaluar su despedida después de medio siglo de cantar al mundo— confesaba ante un periodista una frase, que no deja de resonar: “Mis sueños están en decadencia”. A lo largo de mi vida consciente, tantas veces me sentí identificada con sus versos y sus cantos y ahora que él se va de los escenarios siento otra vez que dice lo que yo quisiera decir.
Este 19 de abril recordaba la trágica muerte de Óscar Únzaga de la Vega en 1959 y cómo aquellos sucesos resumen cómo funcionaba el sistema de represión instalado por el Movimiento Nacionalista Revolucionario. La violencia ejercida desde el Estado, personajes como Claudio San Román, el desborde de los grupos de choque; a nombre de un partido, de una ideología, de una “revolución” se perseguía, se encarcelaba, se exilaba, se torturaba, se fusilaba…
En este nuevo Viernes Santo, el planeta Tierra parece retornar a los peores momentos de la maldad humana. Una y otra vez se repite la ruta del Gólgota que traslada a inocentes hasta el martirio, y un martirio de cruz, mientras los barrabás son ovacionados por las multitudes embriagadas.

