
DESDE LA TIERRA
Hace diez años la imagen de Evo Morales y del gobierno del Movimiento al Socialismo gozaban de respeto dentro y fuera de Bolivia. La presidencia de un descendiente de indígenas originarios de América Latina, el discurso sobre los derechos de los pueblos, la preocupación por los pobres, la mirada hacia la Madre Tierra Pachamama, la postura contra los imperios… todo parecía políticamente correcto.
¿Qué diferencia a Angela Dorotea Kasner (Hamburgo, 1954) de Vladimir Vladimirovich Putin (Leningrado, 1952)? Ambos nacieron pocos años después de la Segunda Guerra Mundial y cuando sus respectivos países apenas se recomponían de la destrucción. Una es física de profesión, sobresaliente; el otro es abogado y exagente de la agencia de espionaje KGB, sobresaliente.
¿Qué significa que el presidente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB), Luis Oporto Ordoñez, difunda un tuit destacando la toma talibán de Kabul “poniendo fin a la guerra colonialista de ocupación del 2001”? ¿Es una posición personal? ¿Expresa la opinión de consejeras y directores de repositorios nacionales de la FCBCB? ¿Puede un funcionario público jerárquico expresar posiciones propias sin comprometer a la institución?
¿Qué significan las Olimpiadas para la humanidad? ¿Qué significaron en el antiguo mundo de los griegos? ¿Por qué fueron “resucitadas” a fines del siglo XIX? ¿Qué consiguieron estos 100 años? ¿Por qué saltan las lágrimas cuando vemos el esfuerzo de un desconocido, la premiación a una adolescente, la caída de un atleta? ¿Por qué una carrera de 100 metros, 10 segundos, detiene el aliento de millones de televidentes?
Vísperas del bicentenario del nacimiento de la República de Bolivia, la criatura heredera del territorio de la Audiencia de Charcas; del corazón de Potosí –mejor decir del Sumaj Orko–; y de las venas bulliciosas de etnias dispersas en la puna, el valle y la llanura; entre ellas, la más notable: la de los señoríos aimaras.
Contemplé la imagen varios minutos. Estaba impresionada. A pesar del antifaz que tapaba los ojos, percibía la angustia, el dolor, seguramente el miedo. Las manos atadas detrás de la espalda, los hombros hacia un lado, el largo cabello desordenado, el cuerpo delgado, juvenil. Y la mueca, la mueca en un grito ahogado, en un grito de muchacha torturada.
Hace medio siglo Julio de la Vega publicó Matías, el apóstol suplente. Para festejar ese aniversario, la carrera de Literatura de la UMSA prepara una edición especial. La novela consagró al poeta cruceño. En vida, fue homenajeado por la Fundación Cultural Huáscar Cajías Kaufmann (Fchck), con el respaldo de la Oficialía de Cultura de la alcaldía paceña. A su muerte, la Fchck, en alianza con el Centro Cultural Patiño, organizó un conversatorio sobre su obra. Raquel, Juan Carlos, Albita, Mónica, sus mejores alumnos, dieron seminarios y conferencias.
Cuba está hecha añicos. No por culpa del perverso bloqueo de la administración estadounidense por 60 años, sino por responsabilidad de sus jerarcas que la gobiernan sin ser capaces de crear las condiciones para resolver las demandas básicas de la población.
Parece una manifestación o un bloqueo. Al ingresar cualquier lunes, desde el norte amazónico y Los Yungas a la ciudad de La Paz, el turista se topa con cuadras llenas de bultos de coca dispersos por veredas y calzadas; camiones y buses parqueados en doble fila; carretillas de diversos tamaños y formas; gente sin barbijos, caminando apresurada ofreciendo o comprando la mercadería; vendedoras de mates o jugos de linaza; cargadores. Gritos, muchos gritos.

