
DESDE LA TIERRA
Confiesa Magie Ruiz, la mejor amiga de Huáscar Cajías Kaufmann desde su época de universitario, que él la invitaba a comer “cabecitas” de cordero en un local de Miraflores. Él era entonces un muchacho de recursos económicos limitados, alquilaba una habitación en la casa de las hermanas Núñez del Prado, en Sopocachi, y almorzaba y cenaba en una de las ramas de la “Pensión Ruiz” que tan bellamente describe Fernando Andrade en uno de sus libros.
¿Por qué el abogado Iván Lima se empeña en un discurso falaz, sin sustento en la realidad? ¿Por qué ignora su título profesional insistiendo en versiones que él mismo contradice? ¿Por qué no valora su propia palabra? ¿Por qué defiende a Susana Rivero argumentando que sus derechos de mujer política son amenazados y al mismo tiempo protagoniza una trama jurídica para humillar a la exmandataria Jeanine Áñez?
Ha muerto Javier Torres Goitia Torres, el humanista chuquisaqueño que dedicó su vida a la medicina preventiva. Fue el mejor ministro de Salud en la historia de Bolivia, aun cuando hubo otros que enfrentaron graves crisis sanitarias. Formado como pediatra, fue un boliviano de aquellos que la patria necesitaría multiplicar. Fue un ser humano que consiguió vencer en las tres líneas del combate cotidiano: la personal, la profesional y la comunitaria.
El señor Arturo Murillo y sus cómplices son privilegiados. Tendrán acceso a un debido proceso; al derecho a la defensa, incluso al derecho al silencio o a denunciar a otros implicados; a una fianza posible, a una cárcel segura, a una detención legal. La información oficial sobre el caso de presuntos sobreprecios, sobornos y legitimación de ganancias ilícitas muestra la diferencia entre un Poder Judicial institucionalizado y otro, que camina al sonido de la sonaja azul.
Hace unos años lamenté la lenta y sin pausa desaparición de las farmacias barriales donde cada boticario conocía los males que aquejaban a un cliente y le daba consejos fraternales mientras entregaba el medicamento. Las cadenas, a pesar de su origen familiar, engullen a los pequeños establecimientos y alejan imágenes de nuestra infancia.
Los discursos, las actitudes y las amenazas de Evo Morales y de Luis Arce Catacora contra lo que podemos ilustrar como la élite productiva, a la que parecería quieren ahogar, contradice el objetivo nacional de enfrentar la crisis económica.
En las estadísticas mundiales y regionales sobre la lucha contra la Covid-19, Bolivia ocupa lugares desde pésimos, malos a regulares y, con relación a otros países, parece que la estricta cuarentena del año pasado y la asombrosa disciplina de la población impidió una catástrofe como en Ecuador o en Brasil. Sin embargo, el asunto de las vacunas contra el virus se ha politizado al punto de extraviar al Poder Ejecutivo.
La humanidad olvida los principales roles que cumplieron las mujeres y como mantienen el hilo conductor de cada civilización: la memoria colectiva. En un contexto de tanta discusión sobre asuntos de género, este aspecto queda relegado.
Cada día que pasa, cada hora, cada minuto, algún árbol es derribado en áreas protegidas del Estado Plurinacional de Bolivia y el presidente Luis Arce y el vicepresidente David Choquehuanca no lo denuncian. El avasallamiento a los 22 espacios que ayudan a enfrentar al cambio climático es cotidiano y aparentemente imparable, además del manoseo político en torno a los parques nacionales y a los territorios indígenas.

