
DESDE LA TIERRA
Aquella mañana de 1994, el embajador boliviano Eloy Ávila Alberdi tenía listo hasta el último detalle para el reencuentro de prisioneros que un día habían sido enemigos en las arenas del Chaco. Gonzalo Sánchez de Lozada y Juan Carlos Wasmosy intercambiaron reliquias de guerra y firmaron importantes convenios.
Esta semana se repitió una vez más el guion del Movimiento al Socialismo (MAS) para intentar vencer a las ciudades rebeldes trasladando a campesinos humildes para enfrentarlos con los citadinos, con una violencia similar a la promovida por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), en 1958, contra la resistencia cruceña. Sin olvidar que lo mismo hizo René Barrientos entre 1965 y 1969 usando el Pacto Militar Campesino contra las protestas del proletariado minero.
¿Cómo pudo un grupo de hombres aferrados a armas de fuego letal, palos, machetes retener a 17 ciudadanos y policías durante largas siete horas? ¿Quién o quiénes les repartieron esos instrumentos de combate? ¿Quién o quiénes los entrenaron? ¿Quién o quiénes los organizaron para el ataque, el repliegue, los interrogatorios, las palizas, los golpes? ¿Quién o quiénes les entregaron uniformes militares, pasamontañas, camuflajes? ¿Quién o quiénes eligieron al líder con voz de mando de guerra?
Quizá se necesita haber sentido vida en el vientre para comprender a aquellas mujeres que participan en protestas junto a sus hijos, a veces lactantes o muy pequeños, embarazadas; quizá basta ser un ser humano completo para con-moverse, con-mocionarse al contemplar una madre marchando días por un mejor futuro para su familia.
¿Por qué la empresa estatal YPFB desplaza técnicos bolivianos para reemplazarlos con venezolanos que perciben salarios superiores a la remuneración del propio presidente del Estado Plurinacional? Mientras destierra a trabajos marginales a especialistas cruceños y paceños por no estar en las listas azules o expulsa a personal experimentado.
¿Quién protege al no-presidente Luis Arce Catacora? Se supone que los ministros, sobre todo los que están al frente de las carteras estratégicas son los encargados de resguardar al principal funcionario público como un pararrayos, para que los asuntos mundanos no lo toquen ni lastimen y los problemas inherentes a toda administración se resuelvan sin afectar su imagen.
¿Por qué insulta el dirigente cocalero del Chapare, Evo Morales Ayma, a la vocera de la Unión Europea calificándola de “mentirosa”? ¿No debería, al contrario, estar agradecido con un organismo internacional que lo protegió, que lo defendió en diferentes espacios económicos y políticos?
Juan Mendoza comprobó esa mañana de 1921 su vestimenta: la chamarra de cuero, los guantes de prebil, la gorra enteriza y las antiparras para proteger su rostro. Faltaba poco para emprender el vuelo en el biplano “Oruro”. A su lado, el copiloto Ángel Mardesich lo miraba entre nervioso y animado. “¡Por Bolivia!”, estrecharon sus manos.
En uno de mis últimos viajes por la patria antes de la aparición de la Covid-19 asistí a la fiesta de los Reyes Magos en Reyes, una de las poblaciones benianas de mis antepasados. Una imagen me fascinó: el desfile de las mujeres ganaderas montadas en hermosos caballos, tan gallardos como ellas. Son escenas de película para citadinos que llegan desde la metrópoli de las alturas.
Un muchacho delgado como su esqueleto, sucio como los trapos que lo cubren a medias, de tez aceitunada opacada por la polución vehicular, se acerca hasta la ventana para un algo que puede ser moneda, sobra o basura. Sólo brillan los ojos verdes, extraños en medio del afán en plena avenida Montes, de La Paz, con algún lejano recuerdo de cariño, de amable abrazo, de fraterno desayuno.

