
MARTILLEANDO
Prefiero ser chofer del Defensor del Pueblo, antes que ser Defensor del Pueblo. Así, sólo me limitaría a conducirlo, sin entrar en diatribas y demás espumarajos que con seguridad salen de la mente de quien ocupa este puesto, cada vez que se ocupa de los dilatados juicios sin fin que la justicia boliviana no cumple.
El Día Mundial del Piano se celebra el día 88 de cada año, un número que simboliza la cantidad de teclas que tiene este instrumento. Este 2022, cae el 29 de marzo. Fue iniciativa del pianista alemán Nils Frahm.
“¿Por qué el mundo necesita un Día del Piano? Por muchas razones. Pero, sobre todo, porque no está demás celebrar al piano y todo lo que lo rodea: intérpretes, compositores, constructores de pianos, afinadores, motores y, lo que es más importante, el oyente”, dice Nils Frahm.
143 años. 1879. Un año en la historia boliviana que marca a fuego sus páginas históricas. Guerra. Sangre. Héroes y villanos. Bolivia perdió territorio y, claro, autoestima.
100 años después en las libretas escolares se podía leer la consigna “El mar nos pertenece por derecho, recuperarlo es un deber”. Desfiles escolares el 23 de marzo eran más que obligatorios. Al igual que los discursos de la autoridad de turno.
Años atrás, rodamos un comercial de un cereal enriquecido con vitaminas. Varias amigas hicieron de vitaminas. Una fue la C, otra la A y a mí me tocó ser la B (mera coincidencia con la inicial de mi apellido). En ese entonces, desconocía el beneficio exacto de cada una de ellas en el organismo. Con los años, aprendí para qué sirve cada una de ellas.
Una palabra te puede definir e inclusive decidir tu futuro. Podrá intentar desviarte de tu camino. Seducirte, invalidarte, robarte tus mejores momentos o subyugarte en un mundo engañosamente fabuloso. No dejes que lo haga.
En el área urbana de Bolivia nos ganamos el pan de cada día alrededor de 4 millones 266 mil personas. Casi la mitad, 1.780.000, somos mujeres, lo que equivale al 45,7% del total de ocupados. Tal vez la cifra haya aumentado. No lo sabemos con certeza.
Digamos que llegamos a dos millones. Y sumadas al resto de la población rural nos acercamos a tres millones.
Estimado señor, bella señorita, joven emprendedor, ¿ha pensado en renovar su auto y aportar al medio ambiente comprando un auto eléctrico, ahora que el Gobierno central ha instalado 11 electrolineras en el país y viendo que el consumo es menor que con gasolina?
Puede ser que sí, puede que no. Pero le cuento que electrolineras, un neologismo para “gasolineras” de electricidad, son pura hipocresía.
Hace 21 años, Emiliano Mamani Canaviri y su familia manifestaron que tanto en la escuela como en la universidad y en el barrio donde vivían eran objeto de discriminación por llevar los apellidos mencionados, “al punto de no soportar más estos atropellos, ya que incluso a uno de sus hijos lo echaron de la Escuela Naval”. Vieron, como única solución, cambiar de apellidos por los de Montero Santa Cruz.
Haré una confesión. Desde hace varios años, vivo con un vecino incómodo en la cabeza. Sólo lo siento yo. Nadie más puede detectar la presencia de este enemigo. Para mí, no es silencioso, ni para miles de personas que lo padecen.
Aparentemente nunca será suficiente darle al mismo clavo y seguir martillando con la misma idea.
Las mujeres seguimos oprimidas. El patriarcado insiste en aplastarnos y nosotras, desde cualquier espacio que se permita, emitimos opiniones.
Lo hacemos porque hace 50 años comenzó la revolución por la liberación femenina. Hace medio siglo, como mujer no habría podido obtener un préstamo, usar píldoras anticonceptivas, no colocarme el apellido “de casada” después de mi nombre y un cambio de estado civil.

