
SIN EMBARGO
La libertad de expresión de la que gozamos en Bolivia es, por darle un calificativo, imperfecta. Entre políticos se dicen de todo, los columnistas podemos criticar casi sin restricciones, pero el Gobierno ejerce presión económica sobre los medios que cobijan la crítica. Como en Bolivia lo imperfecto es sinónimo de bueno, de eso no hay que quejarse.
¿En qué se parecen Milei y el MAS? En que no quieren una regulación independiente ni la entienden. Sus métodos para eliminarla son distintos. Milei quiere dinamitarla y los masistas prefieren la silenciosa absorción. Aunque los métodos y efectos son distintos, el objetivo es el mismo: eliminarla.
Las próximas elecciones generales en Bolivia no se realizarán hasta el 2025, pero ya circulan las especulaciones respecto de los posibles candidatos presidenciales. Y no es para menos: es importante y es sabroso.
Del lado del oficialismo, los dos que se pintan con posibilidades están trenzados en una chuña impensable hace tres años, que todavía no se sabe cómo va a terminar. No falta quien diga que es todo para la galería y que, llegada la hora, se darán el abrazo que los una. Quién sabe.
Soy más amante que conocedor de la música popular y he pasado por una larga lista de amores virtuales, unos que todavía cultivo y otros que he olvidado, quizá injustamente. La primera quizá haya sido Carol King, aunque preferiría decir que fue Violeta Parra más que Mercedes Sosa, no por la voz sino por el sentimiento. Después, no en el orden de sus vidas sino de mis descubrimientos, Janis Joplin y Juliette Greco más que Edith Piaf, sin explicación; Elis Regina más que María Bethânia, y otras que no duraron ni un bailongo.
La libertad ha vuelto en grande al escenario político de la mano de los libertarios, que la anuncian como si la hubieran acabado de inventar. ¡Viva la libertad, eureka!
Uno de nuestros libertarios, Jaime Dunn, ha publicado un artículo con el provocador título “A que eres liberal y no lo sabes” (Los Tiempos del 15 de septiembre de 2023). Por las razones que expongo abajo, le respondo: “A que crees ser liberal y no lo eres”.
Pocas cosas buenas puede tener el drama humano del actual conflicto Israel-Palestina, pero en un esfuerzo, más egoísta que heroico, encuentro dos. La primera es que estamos lejos. Esto nos mantiene a salvo de sirenas y bombas y nos permite cierta imparcialidad sobre los graves dilemas que plantea ese conflicto.

