Cuatro hábitos esenciales para que los estudiantes fortalezcan su sistema inmune
José Andrés (8) está entusiasmado. Comenzó el año escolar en un nuevo colegio y con un interesante cambio respecto a la gestión pasada: en vez de llevar dinero para el recreo, llevará una lonchera con un desayuno/merienda que alistan sus padres a primera hora del día. En su menú han incluido gaseosas, jugos, pan con mortadela y queso, galletas dulces y masitas.
Sus profesores han notado algo distinto en su comportamiento: después de las comidas, se irrita con más facilidad y tiene menos predisposición para el aprendizaje. De acuerdo con Fernando Álvarez, experto y asesor científico de Laboratorio Inti, los neurotransmisores cerebrales, tanto de niños como de adultos, funcionan mejor cuando la dieta, principalmente las comidas de la mañana, incluye frutas, verduras frescas, frutos secos, carnes blancas y agua como bebida principal.
“El consumo de micro y macronutrientes, vitaminas y minerales forma parte de los alimentos y se pueden obtener mediante el proceso de digestión, pero también a través de suplementos, en caso de que las comidas tengan un desequilibrio. Estos elementos sirven para el crecimiento y desarrollo del organismo, la utilización metabólica de los macronutrientes, el mantenimiento del sistema inmunológico, además de otras funciones metabólicas”, explica.
Álvarez asegura que el sistema inmunitario protege el cuerpo de invasores externos (bacterias, virus, hongos y toxinas) y, tanto el sistema nato como el adquirido, pueden salir a defender al organismo si es que se tienen los niveles adecuados de vitaminas, nutrientes y minerales y se cuidan otros hábitos importantes como el ejercicio físico, el descanso nocturno, el cuidado de la piel y, por supuesto, la alimentación. ¿Cuáles son los hábitos esenciales para que su hijo fortalezca sus defensas, aún más en etapa escolar?
1. Consuma frutas, cereales y otras fuentes importantes de vitaminas
Las vitaminas son compuestos orgánicos potentes, presentes en concentraciones pequeñísimas en los alimentos, con funciones específicas y vitales en las células. Su ausencia o absorción inadecuada produce enfermedades carenciales o avitaminosis específicas. Las vitaminas hidrosolubles C y B están presentes en frutas y verduras como la guayaba, papaya, cítricos, perejiles, brócoli, sésamo, pistachos, hígados y carnes de atún. “En el cuerpo, la vitamina C actúa como antioxidante, al ayudar a proteger las células, y la vitamina B ayuda a obtener energía de los alimentos que se consumen”, afirma. Existen otras vitaminas llamadas liposolubles y se puede mencionar las vitaminas A, D, E y K. La vitamina A es importante, por ejemplo, para la piel y la visión; la vitamina D, para los músculos; la E es un antioxidante importante, y la K juega, entre otros roles, un papel de coagulación.
2. Ingiera los oligoelementos importantes para las funciones metabólicas
Los oligoelementos son sustancias químicas de origen mineral que se encuentran en pequeñas cantidades en el organismo e intervienen en diferentes funciones metabólicas. Entre ellos se puede mencionar el calcio, el cobre, el flúor, el fósforo, el hierro, manganeso, magnesio, potasio, sodio. El calcio, por ejemplo, está presente en los lácteos, quesos y sardinas, y fortalece el sistema nervioso, huesos, dientes y la coagulación de la sangre; el cobre ayuda a formar los tejidos corporales como el hígado, cerebro, riñones y corazón y está presente en el sésamo, semilla de girasol, almendras y frijoles. El fósforo interviene en la formación de proteínas y se puede consumir en el huevo, cáñamo, lentejas, garbanzos, entre otros; el hierro es otro oligoelemento importante para la respiración celular, la síntesis de ADN y constituyente de la hemoglobina y está presente en alimentos como la carne de res, espinacas, frijoles, acelgas, entre otros.
3. Practique ejercicios y cuide las horas de sueño
Hacer actividad física con regularidad puede ayudarle a mantener fuertes sus habilidades para pensar, aprender y tener buen juicio con el pasar de los años. También puede reducir su riesgo de depresión y ansiedad, al igual que ayudarle a dormir mejor. De acuerdo con Álvarez, es preferible practicar algún ejercicio aeróbico, como nadar o montar bicicleta con una intensidad moderada según su condición física y su edad, evitando el sobreesfuerzo. Es importante también que, para renovar las células e impulsar el metabolismo, el estudiante descanse, de mente y de cuerpo, al menos ocho horas diarias. “La pérdida de sueño daña los niveles superiores de razonamiento, resolución de problemas y atención a los detalles. Las personas que están cansadas tienden a ser menos productivas en el trabajo y tienen más posibilidades de sufrir accidentes de tránsito”, expresa Álvarez.
4. Cuidado con el exceso de azúcar, chocolates y “fast food”
El consumo elevado de azúcar, chocolates y las comidas rápidas puede asociarse a diversas patologías como el sobrepeso, obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares, hígado graso, caries dental, entre otros. Pero también puede contribuir al desarrollo de alteraciones del comportamiento como la hiperactividad, el síndrome premenstrual, déficit de atención y otros problemas mentales. “La alimentación es un factor muy importante para el sistema inmunológico. Existe una relación directa entre ambos, ya que si ésta es inadecuada o insuficiente se produce una caída de las defensas, y, por el contrario, si es equilibrada y completa, ayuda a mantenerlas en forma o incluso las fortalece”, expresa.