Catas, cosecha y paisajes. La Ruta del Vino se fortalece en el valle bajo
Cochabamba, el corazón de Bolivia, no sólo destaca por su gastronomía, sino también por su emergente oferta enoturística que está conquistando los paladares de locales y turistas, desde hace cinco años. La Ruta del Vino, promovida y coordinada con agencias de turismo, bodegas y viñedos, se va consolidando y fortaleciendo como una propuesta única que combina tradición, sabores, producción y desarrollo económico para los municipios del valle bajo del departamento.
Capinota es el epicentro de uno de los recorridos que se promociona en el último mes, donde las Bodegas y Viñedos Cornico lideran la producción de vinos de altura. Fundada hace siete años, esta bodega cultiva una variedad de uvas que dan vida a vinos tintos, blancos y de mesa con características únicas, gracias a su altitud de hasta 2.850 metros sobre el nivel del mar, explica la agencia El Baúl de los Viajeros a la Revista OH!.
Según los expertos de Cornico, estas condiciones no sólo mejoran el sabor, sino que también potencian los beneficios antioxidantes de los vinos, con componentes como el resveratrol, taninos y antocianos que contribuyen al bienestar del organismo. Esta explicación es parte de la Ruta del Vino.
Capinota no es sólo un lugar para degustar vinos; también ofrece actividades complementarias como visitas a sitios históricos, catas guiadas y dinámicas culturales que enriquecen la experiencia. Las plazas principales y el campanario en ruinas son sólo algunos de los puntos turísticos que los visitantes pueden explorar mientras disfrutan de un ambiente festivo y relajado con una copa de vino cochala.
EL POTENCIAL DEL VALLE BAJO
La expansión de la Ruta del Vino llevóa integrar a municipios como Sipe Sipe y Vinto, en coordinación con los viñedos y bodegas de la región. En Sipe Sipe, los visitantes tienen la oportunidad de probar el guarapo, una bebida típica que también deriva de la producción de uva.
Por otro lado, en Vinto, al igual que Sipe Sipe -desde hace unos años- los viñedos comenzaron a abrir sus puertas durante la temporada de cosecha, permitiendo a los turistas participar en la recolección de uvas, conectándose directamente con la tierra y sus frutos.
Además, los productores locales organizan talleres sobre el cuidado de las parras y las técnicas tradicionales de elaboración del vino, haciendo de la visita una experiencia integral.
Más allá del atractivo turístico, la Ruta del Vino tiene un impacto relevante en las comunidades involucradas. Según representantes de las bodegas y agencias, esta iniciativa genera empleo, incrementa los ingresos de las familias y fortalece el tejido social de los municipios involucrados. Además, fomenta la preservación de tradiciones culturales, lo que convierte a la Ruta del Vino en un motor de desarrollo integral para la región, subraya El Bául de los Viajeros.
Hace medio año, Los Tiempos también visitó viñedos y bodegas de Vinto, entre ellas, la Bodega Marquez de la Viña, El Campanario y el viñedo Vlaho’s, ubicado en Ayoma, Sipe Sipe, donde el propietario Luis Vlahovic enseña a los visitantes sobre el manejo del viñedo, la historia del lugar y las variedades de uva cultivadas para mesa, vino, guarapo y singani, que son muy diferentes en forma, color y tamaño.
La Ruta del Vino se realiza durante todo el año con dos a tres salidas cada mes, según las agencias de turismo. Es una experiencia completa, desde el reconocimiento de sabores y aromas hasta los secretos de la producción del vino. También se promocionan las visitas a los viñedos durante la época de cosecha, entre diciembre y febrero.
RETOS Y OPORTUNIDADES
Aunque la Ruta del Vino ganó popularidad, los productores enfrentan desafíos con el tema del agua. “Cochabamba es un lugar que tiene un clima y tierras aptos para la actividad vitivinícola pero desafortunadamente el problema siempre llega a ser el agua”, señalan desde Bodegas y Viñedos Cornico. En este sentido, los productores piden a las autoridades poner “mucha atención” al tema tecnológico para el sistema de riego de los viñedos.
Otro reto importante es la internacionalización de los vinos producidos en el departamento. Los productores sueñan con posicionar sus vinos como productos de alta gama en mercados internacionales, destacando su carácter único como vinos de altura.
Para quienes buscan un destino donde se entrelacen la cultura, el sabor y la naturaleza, además de un vino de calidad, la Ruta del Vino en Cochabamba se presenta como una opción irresistible.
Bolivia gana 73 medallas en seis concursos internacionales
Texto: ABI
En seis concursos internacionales, Bolivia ganó 73 medallas de “gran” oro, oro y plata, por su producción de vino de excelencia, dijo este jueves el viceministro de Comercio Exterior e Integración, Huáscar Ajata.
“Durante esta gestión, con las bodegas hemos facilitado la participación de la presentación de vinos bolivianos en seis concursos a nivel internacional y, lo más importante, es que Bolivia ha obtenido grandes premios, más de 73 medallas: 14 medallas de gran oro, 36 medallas de oro y 23 medallas de plata, lo cual significa que tenemos un vino de gran excelencia en Bolivia”, explicó a Bolivia TV.
La autoridad gubernamental indicó que, el año pasado, el país obtuvo más de 15,2 millones de litros de vino y 4,4 millones de litros de singani, si bien la producción de esos dos productos es pequeña, es de calidad.
“Tenemos una importante producción de cuatro siglos del vino, del singani boliviano. Es una tradición, pero lo más importante es que nuestros vinos se diferencian por ser vinos de altura”, destacó.
Añadió que, en una alianza público-privada, es decir entre la Cancillería y la Asociación Nacional de Industrias Vitivinícolas (ANIV), se trabaja para promocionar y exponer los vinos bolivianos en distintos concursos a nivel internacional.