Afectados por deslave intentan levantarse en medio de dificultades
“No hay ayuda. Mis familiares y yo a pulso intentamos limpiar. Mis manos ya me duelen. Quisiéramos que nos ayuden a sacar el lodo de adentro”, contó Martina mientras sostenía una picota para limpiar la vivienda en construcción de su hija.
La propietaria, Esther Felipe, vive en alquiler en otra zona y en el momento de la mazamorra no estaba en su lote en construcción. Sin embargo, la obra gruesa fue superada por el lodo.
El interior de la vivienda está llena de tierra y rocas que sólo su mamá le ayuda a retirar, pues ella se está recuperando de una cesárea.
“Alguna vez vienen los vecinos a ayudarme o los familiares, pero necesitamos más apoyo porque hay rocas grandes que no se pueden sacar. No sabemos qué vamos a hacer”, agregaron Martina y Esther.
Esta situación se replica en varias viviendas del Distrito 5 de Tiquipaya. La gente incluso dejó de trabajar para poder sacar el lodo de sus viviendas.
Juan Copa contó que estaba en La Paz trabajando cuando se enteró de lo que le había ocurrido a su familia y vivienda. “Tuve que renunciar a mi trabajo y venir. Ahora todos los días estamos tratando de limpiar (…) Nos tienen que reconstruir en el mismo lugar, tenemos derecho propietario; a los que son asentamientos que los reubiquen, pero a nosotros, que no lo somos, que nos dejen aquí”, manifestó.
Mientras, para las familias que perdieron a un ser querido, las viviendas enterradas son parte del recuerdo que aún no logran superar. Noemí Nina aún no puede hablar sin llorar por el fallecimiento de su hermana, Jhannet Nina.
“Vengo a ver lo que sacan, pero esto de nada cuenta si no está mi hermana. Yo me hice cargo de mis dos sobrinos. Mis hijos también les están dando apoyo y están recibiendo terapia psicológica”, contó entre lágrimas.
Siguió: “Dijeron que nos darían vivienda a mis sobrinos. También estamos viendo las deudas, porque mi hermana sacó préstamo para comprar máquinas de coser y su anticrético”.
De igual modo, la familia de Gonzalo Torrico, hijo de Héctor Torrico, que falleció por la mazamorra, acude todos los días con su esposa a intentar recuperar algunos objetos de su vivienda.
“Estamos sacando principalmente ropa, porque electrodomésticos y muebles ya no queda nada”, contó.
En la actualidad vive con su cuñada y están en constantes reuniones para saber cómo se podrá resolver su derecho propietario a futuro. Posa su mirada en la vivienda en la que vivía su papá, pero que ahora se redujo a escombros.
“Supongo que mi hija y mi esposa recibirán ayuda psicológica, porque eran las que estaban en casa cuando todo esto ocurrió. Mi otra hija y yo estábamos fuera”, agregó.
De este modo, el panorama desolador continúa a dos días de que se cumpla un mes de la mazamorra que trajo tragedia y se cobró la vida de cinco personas en Tiquipaya. Las familias sobreviven sin condiciones, mientras intentan recuperar lo poco que pueden con sus manos.
Durante los primeros días del desastre, el lodo estaba fresco, no se podía caminar encima. Las viviendas estaban completamente enterradas, no se podían distinguir, y las tareas de rescate eran complejas.
Casi un mes después, el lodo aparenta estar seco por fuera, pero el movimiento de la maquinaria demuestra que por dentro aún está fresco. Las palas trabajan con la principal tarea de abrir las calles y avenidas de la zona.
Esta labor reveló la altura de tres metros de las numerosas capas de mazamorra que descendieron del Tunari durante dos días. Asimismo, se observan grandes rocas que se retiran de las viviendas.
Las casas de un piso quedaron reducidas a escombros. En tanto, las de más plantas tienen rajaduras en toda la estructura.
La maquinaria trabaja con cuidado en la parte alta de la zona de Juventud Chilimarca, pues algunas edificaciones corren el riesgo de colapsar si se hace una remoción de tierra con brusquedad.
Mientras en la zona de Linde y Trojes aún queda gran cantidad de tierra que hoy se ha convertido en polvo que se levanta constantemente con el paso de los vehículos.
El subalcalde del Distrito 5, Gustavo Vargas, manifestó que en los siguientes días se buscarán cisternas para que dispersen agua y así se evite que más polvareda atente contra la salud de los pobladores de las zonas afectadas por la mazamorra en Tiquipaya.
Reencauce está en 40%. Los trabajos de encauce del río Taquiña apenas están en un 40 por ciento. Se estima que aún demoren un mes.
DATOS
Tres líneas cambiarán de ruta provisionalmente. Las líneas 290, 16 y 10 de transporte en el eje metropolitano cambiarán de ruta al no existir el puente que atravesaba el río Taquiña. Una vez que éste se restablezca, volverán a su antigua ruta.
Inquilinos y propietarios son tomados en cuenta. La restitución de las viviendas no sólo se hará para los propietarios; sino también para aquellas familias que estaban como inquilinas y también perdieron todo por la mazamorra del 6 de febrero.
DAMNIFICADOS PIDEN APOYO CON LA COMIDA
Luego de un mes de vivir de la ayuda de la población, el agua y las raciones de alimentos comienzan a escasear. Cada día se cocinan ollas comunes para más de 200 personas.
Quienes las cocinan indican que no cuentan con pollo, carne ni gas. De igual modo, los platos desechables se acabaron y tienen que comprar paquetes a diario. También hacen falta cocinetas y agua.
Las ollas comunes no sólo se preparan para las familias damnificadas y afectadas, sino también para los 150 trabajadores del municipio y operadores de máquinas, quienes también requieren bastante agua debido al trabajo que realizan.
Asimismo, se tiene necesidad de elementos de aseo y ropa interior. Las familias que permanecen en albergues se encuentran en el centro de salud en construcción del Distrito 5 (al oeste del río) y la sede de la OTB Molle Molle Central (al sector este).
LA MAQUINARIA NO ES SUFICIENTE PARA LIMPIEZA
Gran parte de la maquinaria que estaba ayudando desde que ocurrió la mazamorra se replegó. Alguna se fue a ayudar a otras zonas de desastre y otras tuvieron que volver al trabajo en sus respectivas obras o municipios.
Por el momento, se encuentra aproximadamente una veintena de equipos del municipio y la Administradora Boliviana de Carreteras. Algunas realizan la tarea de reencauce del río Taquiña. Otra trabaja en la habilitación de vías y algunas colaboran con las viviendas que quedaron completamente enterradas bajo el lodo.
La población pide apoyo a los municipios, aunque sea los fines de semana. Temen que las labores de limpieza se prolonguen más de un año, dada la magnitud del desastre.
La mayoría de la gente espera ansiosa poder volver a sus viviendas y recuperar lo que queda.






















