Hybris, el principio y el fin de la adicción al máximo poder

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Publicado el 03/09/2018 a las 4h00
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Una tragedia, repetida a lo largo de siglos: grandes multitudes, que demandan la salida de un gobernante y su entorno, reciben como respuesta obsesiva terquedad y represión. En varios casos, aquel proceso donde esas minorías y sus líderes se aferran al Gobierno ha estado acompañado de alarmantes cambios en sus conductas. Son momentos en que la adicción al poder llegó a niveles de delirio y ha colapsado a un país. Es el extremo de una patología llamada hybris.

La experiencia ha sido recurrente en Bolivia. Sus pobladores bien pudieron observar determinados síntomas de esos excesos en este siglo XXI. “Yo no voy a renunciar, yo no me voy a ir a ningún lado (…), prefiero salir como Allende”, decía, por ejemplo, Gonzalo Sánchez de Lozada. Corría la segunda semana de octubre de 2003 y el país entero demandaba su salida. Gran parte de sus aliados le habían abandonado y sumaban por decenas los muertos de la represión. Entre el poder y la vida, optó por huir en un helicóptero, y más sosegado redactó su renuncia a 860 kilómetros de La Paz.

Pero ese nivel de hybris (palabra que en griego significa “desmesura”) que afectó a Sánchez de Lozada obviamente había empezado a madurar meses y hasta años antes. “Los actos de hybris son mucho más habituales en los jefes de Estado y de Gobierno, sean democráticos o no, de lo que a menudo se percibe”, ha escrito David Owen. Se trata de un neuropsiquiatra y político que reposicionó el tema desde hace una década al publicar el libro: “En el poder y en la enfermedad: enfermedades de jefes de Estado y de Gobierno en los últimos cien años”.

Materia de estudio actualizadaA partir de aquel estudio, el síndrome ha ganado cada vez más fuerza en la reflexión de los expertos. “Ha tomado estado público una noción que propone la psiquiatría moderna”, explica a OH! el psicólogo argentino Fernando Osorio, “es la megalomanía, para pensar la desmesura con la que un sujeto puede pensarse a sí mismo en relación a su entorno a partir de una creencia personaly a partir de un cierto poder que pudiera otorgarle su condición económica, política o social, el delirio de grandeza”.

La historiadora Bárbara Tuchman, citada por Owen, amplía: “Una perversa persistencia en una política demostrablemente inviable o contraproducente”. Y prosigue: “La estupidez, la fuente del autoengaño, es un factor que desempeña un papel notablemente grande en el gobierno. Consiste en evaluar una situación en términos de ideas fijas preconcebidas mientras se ignora o rechaza todo signo contrario”.

En resumen: “en muchos jefes de Estado, la experiencia del poder les provoca cambios psicológicos que los conducen a la grandiosidad, al narcisismo y al comportamiento irresponsable. Líderes que sufren de este síndrome hybris ‘político’ creen que son capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes hechos, y creen saberlo todo y en todas las circunstancias, y operan más allá de los límites de la moral ordinaria”.

Ese 2008, este médico y exparlamentario analizó o citó en su estudio al Sha de Irán, Margaret Thatcher, George Bush y Fidel Castro. Pero fue el detonante para que otros desarrollen los perfiles que se ajustaban a la sintomatología del hybris. Allí ingresaron desde célebres dictadores genocidas hasta políticos hybrísticos que fungieron bajo moldes democráticos como Richard Nixon, José Aznar, Hugo Chávez y Cristina Fernández de Kirchner.

En los últimos cuatro años el fenómeno ha vuelto al tapete de los debates y con fuerza, sobre todo, en varios casos americanos. La llegada de Donald Trump a la presidencia de EEUU, así como los procesos re electorales en Nicaragua, Venezuela y Bolivia atizaron la polémica. ¿Están Trump, Daniel Ortega, Nicolás Maduro y Evo Morales, junto a sus entornos, afectados por el hybris del poder? De ser así, ¿qué riesgos corren sus países?

 

SÍNTOMAS DEL HYBRIS  

La primera respuesta bien podrá llegar en cada caso evaluando los parámetros que Owen estableció para identificar las víctimas de la adicción al poder. En su texto lista 14 criterios para diagnosticar a una persona poderosa con el síndrome hybris. Por una parte señala que los afectados por el hybris usan el poder para autoglorificarse. Luego, tienen una preocupación exagerada por su imagen y presentación.

Según Owen, también lanzan discursos exaltados en los que bien pueden asegurar que ellos son el país, el pueblo, los pobres, la nación... Demuestran una autoconfianza excesiva y un abierto desprecio por los demás. Suelen recibir y aceptar “humildemente” atributos casi divinales o superlativamente históricos. Por ello, aseguran, que sólo Dios o la historia los pueden juzgar y que algún día esos tribunales los reconocerán.

A medida que el hybris avanza, sus víctimas pierden contacto con la realidad. Se muestran inquietos e incurren en actos impulsivos. Se abren a otro tipo de consideraciones morales que guían sus decisiones políticas, no importa que sean fatuas o muy costosas. Finalmente, demuestran un marcado desprecio por normas leyes y procedimientos que regulan el ejercicio de la política, cambiando constituciones o manipulando los poderes del Estado. En términos populares, es la borrachera del poder.

¿Es la manifiesta soberbia o la propensión al desprecio de acuerdos y normas que Donald Trump demuestra señal de hybris? ¿Las alusiones a que se halla protegido por santos y vírgenes o sus diálogos con el espíritu de Hugo Chávez involucran en el síndrome a Nicolás Maduro? ¿La invocación al pueblo, cada vez que reprime sangrientamente a estudiantes, resulta uno de los síntomas de Ortega? ¿Qué se puede interpretar de frases como “si Evo deja el poder el sol se va a esconder y la luna escapará”?

 

EFECTOS DEL HYBRIS  

Sin duda, hay valioso material para los especialistas en la actual coyuntura americana. Pero, aseguran, el hybris en Bolivia tiene ya una larga historia y duras consecuencias. “Podemos identificar que esta adicción al poder ha generado mucha violencia desde la propia fundación de la república”, dice Franco Gamboa, doctor en gestión pública, “crímenes políticos, golpes de Estado y hasta conflictos bélicos se relacionan a élites que quisieron manejar el Estado como propiedad privada. Ya se ve claramente en el asesinato del Mariscal Sucre, lo mataron élites criollas y luego liquidaron las perspectivas de ciudadanía política en el país por más de un siglo”.

Gamboa explica que, si se revisa y concatena los crímenes políticos de la historia boliviana, es posible descubrir una grave consecuencia para el país. “Esta hybris, este gusto por manejar no sólo el poder, sino el aparato del Estado, las instituciones, a gusto y sabor de perspectivas personalistas, ha hecho que tengamos un déficit de instituciones sólidas. Ello porque las instituciones se hallan sometidas a las arbitrariedades de quienes circunstancialmente ejercen la autoridad pública y el poder”.

Gamboa añade: “Ello, además, ha derivado en un Estado incapaz de construir soberanía en todo el territorio. La hybris, la preocupación por mantenerse en el poder, genera líderes muy débiles. Ellos sólo se preocupan de sus perspectivas personales y, como el Estado es tan débil institucionalmente, se ocupan de explotar el poder en sus alrededores; es decir, la sede de Gobierno y lugares de influencia. Mientras que en una perspectiva mayor el Estado resulta muy débil, el poder que creen tener no llega a las fronteras ni a la generalidad del país”.

 

CASOS DE HYBRIS Y ANTI HYBRIS 

En el mundo, hybris agravados han dejado profundas secuelas en sus sociedades y amargos recuerdos al planeta. Es el caso, por ejemplo, de Robert Mugabe, el exdictador de Zimbabue. Se mantuvo a sangre y fuego por más de tres décadas en el poder. Llevó a su país de ser considerado “el granero africano” a protagonizar una de las mayores crisis económicas de la historia mundial. En medio de una pobreza generalizada, justificaba sus automóviles de lujo y banquetes con productos importados porque era “el salvador del país”.

Hechos similares han protagonizado la dinastía de los Kim, iniciada por Kim il sung, “el presidente eterno” o “supremo líder”, en la comunista Corea del Norte. También fue el estilo de Muhamar Gadaffi, “el jefe supremo” de Libia durante 40 años. Mientras que el dictador paraguayo Alfredo Stroessner aseguraba ser “el líder del pueblo de Dios” y era llamado por sus acólitos “el único líder”.

Pero también la historia suma a aquellos políticos que portaban el antídoto. Mandatarios como el expresidente uruguayo José Mujica o el sudafricano Nelson Mandela demostraron conductas marcadas por la sobriedad y el desapego a los beneficios del poder. “Incluso hubo quienes propugnaron la entereza del liderazgo moral en la política como ejemplo para la sociedad”, dice Gamboa y recuerda al líder indio Mohandas Gandhi.

Sin embargo, la hybris resultaría mucho menos riesgosa sin los entornos que sustentan a los afectados. “La adicción al poder genera una influencia en el entorno inmediato que puede tener dos vertientes”, explica Fernando Osorio, “por un lado genera sumisión delirante, en tanto creencia de los otros acerca del poder que ejerce ése que lo detenta y al que no pueden dejar de someterse.Y por otro lado una conducta reactiva en otros que creen que deben destruir a ese que detenta el poder puesto que si lo dejan avanzar terminará por dominarlo todo”.

Luego añade: “El sujeto desarrolla con el tirano un tipo deidentificación de masa, pues no resiste ningún análisis, cuestionamiento ni debate. El tirano logra que su séquito lo sostenga aún si el peso del sometimiento los aplasta.Es muy difícil que el sujeto sometido al arbitrio de un tirano pueda darse cuenta de lo que le ocurre; salvo que también lo estimule un deseo perverso sadomasoquista”.

¿Hay nuevos casos de hybris en América? ¿Volverán a verse líderes delirantes aferrados al poder a sangre y fuego hasta que choquen con la dura terapia de la realidad? En todo caso, quizás siempre haga falta esa voz del consejero que los césares romanos tenían de manera forzosa cuando volvían de sus conquistas: “César, toda gloria es pasajera”.

 

SIGNIFICADO DE HYBRIS

Su significado más básico se desarrolló en la antigua Grecia, simplemente como descripción de un acto. Un acto de hybris era aquel en el cual un personaje poderoso, hinchado de desmesurado orgullo y confianza en sí mismo, trataba a los demás con insolencia y desprecio.

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INDIGNACIÓN Haitianos protestan contra la corrupción en Puerto Príncipe.
EFE

 

 

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