El mensaje político equivocado
Esta generación se mueve en la política como si fuera un gran mercado; es decir, dentro de los márgenes de intereses infinitos buscan la seducción, la persuasión más que la imposición o la normativización de las opciones políticas.
Con cierta distancia temporal acerca de los resultados del Referendo Constitucional del pasado 21 de febrero me gustaría hacer algunas precisiones respecto al tipo de mensaje por el que se empeñó el Gobierno en producir y que creyó que le daría réditos.
Es cierto que hubieron distintas líneas de argumentación, sin embargo, resaltó con más fuerza la opción de cual si fueran unos guerreros culturales, dividiendo el mundo en dos: los buenos y los malos (léase también el pueblo versus el imperio); sin duda este tipo de discurso tiene un público determinado pero no creo que sea el segmento de la población electoral mayoritario, mis razones a continuación.
Iré haciendo zoom desde el nivel nacional hacia abajo: Según el padrón electoral oficial hoy día tenemos 6,4 millones de personas que tienen la posibilidad de votar, de esa cantidad el 54,2 por ciento se encuentra en las ciudades capitales más El Alto, es decir, las grandes ciudades hoy por hoy concentran poco más de la mitad del electorado a nivel nacional, ojo que esto no tiene nada que ver con la división campo ciudad porque no están en este dato las ciudades intermedias.
A esa cantidad de gente que se encuentra dentro de ese 54,2 por ciento se la desagregó por grupos etáreos, tomando en cuenta el criterio de generación Millennial, antes de que siga revelando datos conviene que explique en qué consiste esta generación, pues bien, es una que hoy por hoy tiene entre 16 a 35 años, gente que viven colgados de la sociedad digital, su vínculo ideológico es mínimo, o sea, no es lo más importante la división clásica de derecha-izquierda, es una generación que en nuestro caso ha nacido a la vida política viendo a un solo presidente, no conocen el escenario del multipartidismo ni la forma de coaliciones políticas en las que el criterio programático es lo último que interesa; una cosa muy importante en términos del márketing político es que esta generación se mueve en la política como si fuera un gran mercado; es decir, dentro de los márgenes de intereses infinitos buscan la seducción, la persuasión más que la imposición o la normativización de las opciones políticas.
Sigamos entonces desagregando datos: la generación Millennial en la sumatoria de todos los departamentos representa el 47 por ciento del total del electorado, mientras que a nivel de las capitales de departamento más El Alto representan el 27,6 por ciento del electorado.
Una vez vistos los datos uno podría inferir que apelar en una campaña electoral como la que acabamos de presenciar haciendo hincapié en la defensa irrestricta de que era el pueblo contra el imperio o que generar tensión para mostrarse como el más fuerte, como el más cachascanista del colegio y pensar que por espontaneidad o por un criterio de votante retrospectivo la gente se iba adherir a esa causa fue una lectura que por supuesto no va en la línea de sumar adeptos, sino más bien en generar radicalismos y rechazos sobre todo de ese votante que no tiene un vínculo ideológico fuerte con la opción que se defendía.
Sin duda mucho nos falta aún por analizar en este sentido, por ahora me quedo como consuelo con una frase aleccionadora para entender que realmente estamos de paso por la historia y por las redes sociales, que la dijo uno de los grandes oradores de nuestra patria, Mariano Baptista Caserta: ¡La popularidad! Sabemos lo que es ella. Polvo perdido en los caminos de la vida, cada uno en nuestra modestísima esfera, cada uno en nuestra evolución de átomos, tenemos sobre nosotros una inconmesurable distancia.
El autor es politólogo.
Columnas de MARCELO AREQUIPA AZURDUY