Libertad de matar...
Los atentados terroristas que se producen con cierta frecuencia en varios países del mundo alimentan la eterna discusión sobre la tenencia de armas por personas particulares. En los Estados Unidos la segunda enmienda a la Constitución da derecho a cualquier ciudadano de adquirir y usar en defensa propia a las armas individuales. El último atentado en la discoteca “Pulse” en Orlando, Florida con 49 muertos y 53 heridos pone al rojo vivo esta discusión, ahora también en el contexto preelectoral americano. Los candidatos presidenciales se han pronunciado. Donald Trump ha alegado por una América-fortaleza, de la cual él está listo para tomar la defensa. En su intervención, Trump ha criticado al presidente Obama por su supuesta inacción y ha sugerido prohibir el acceso al territorio americano a los ciudadanos de los países donde operan las organizaciones terroristas. Hillary Clinton ha defendido las ventajas de una sociedad abierta y diversa, pero más fuerte y más resistente a la radicalización.
Los asesinatos en masa que se producen no sólo en los EEUU son cometidos sobre todo con las armas de guerra, con rifles automáticos que nada tienen que ver con la autodefensa individual. Los defensores del libre acceso a las armas dicen que no son las armas que tiran del gatillo, sino las personas. Sería como —dicen— prohibir los autos porque hay accidentes mortales de tránsito. Es una comparación demagógica, porque los autos están destinados a transportar personas, mientras las armas están destinadas para matar. La discusión no termina y los grupos de presión pro armas bloquean eficazmente todos los intentos de promover en los EEUU una nueva legislación más restrictiva.
Esta actitud toma a veces un aspecto grotesco. Pocas horas después de la tragedia en Orlando, el representante republicano de Tennessee, Andy Holt, ha organizado una tómbola donde el primer premio serán dos fusiles de asalto AR-15 del mismo modelo que utilizó Omar Mateen, el asesino de Orlando. Holt ha justificado su iniciativa diciendo que el ataque mortífero no tiene nada que ver con el tipo de arma, ya que la cuestión es la persona que tiene el arma. Sin embargo, el acceso a este tipo de armas que permite matar instantáneamente a muchas personas es sorprendentemente fácil. Es preciso reforzar los controles de los compradores, pues además de los terroristas hay compradores mentalmente perturbadas o con antecedentes penales. Como agravante, se sabe que Omar Mateen trabajaba para una sociedad de seguridad y como tal tuvo un acceso privilegiado a las armas. Finalmente Omar Mateen era nacido en los EEUU, pero se ha “radicalizado” y ha cometido el crimen en nombre del Estado Islámico.
Las matanzas masivas son frecuentes en los Estados Unidos. De acuerdo con los datos de Shootingtracker.com, durante 2015 se produjeron 372 tiroteos masivos y 367 muertos, alrededor de uno por día. En otros países los tiroteos masivos ocurren también. En julio 2011, Anders Breivik, un extremista de derecha noruega de 33 años, ha asesinado a 77 personas en unas cuantas horas con un rifle de alta precisión. Los atentados jihadistas de París (2015) y de Bruselas (2016) con 130 y 31 muertos respectivamente y cometidos igualmente por sus propios ciudadanos han dejado una huella profunda en estas sociedades europeas. Hace pocos días, Francia vivió una nueva tragedia con la muerte de una pareja de policías asesinados con cuchillo frente a su hijo de tres años, también por motivos claramente jihadistas. Llama poderosamente la atención que los asesinos no vienen de afuera, sino que han nacido y se han criado en los países donde han cometido sus crímenes, lo que implica una pregunta sobre la educación y los valores como factores de integración social. La defensa de la “fortaleza” no será suficiente frente a los criminales suicidas nacidos en su interior y que pueden armarse con facilidad.
El autor es comunicador social.
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