¡Sí que se rascan!
Nos sacan de las casillas. Sinvergüenzas, rascapanzas. No sacan las manos de sus bolsillos para rascarse lo que tienen entre sus piernas
Nos sacan de las casillas. Sinvergüenzas, rascapanzas. No sacan las manos de sus bolsillos para rascarse lo que tienen entre sus piernas parlamentarias y parlamentarios. Que trabajan de lunes a domingo y amanecidas. Me ca… chibacheo. Insolentes, irrespetuosos como ellos mismos. Que les crean sus abuelas que trabajan.
Habrá que preguntarles: ¿Qué leyes productivas han proyectado? Ninguna. ¿Qué iniciativas legislativas propias han debatido? Ninguna. ¿Habrán fiscalizado la administración del Estado? ¡No! ¿Son indolentes, negligentes, levantamanos? ¡Sí! De yapa insolentes. ¿Hacernos creer que no se rascan?, me lleva la chingada.
Incremento de siete por ciento sobre dietas de 20.000 frente a un tres por ciento sobre lo que percibe un jubilado, refleja la rapacidad de oficialistas y opositores. Cada mes recibirán 1.500 bolivianos más, lo que representa en algunos casos la jubilación de un anciano que percibe esa mísera suma, después de haber trabajado por años; lo que percibe un obrero que no está en planilla.
No sólo que carecen de capacidad y racionalidad, sino, también son faltos de humildad. Argüir que sólo cumplen lo que dice la ley es una estupidez. Quienes hacen las leyes a su medida y tratan de justificarlas con prepotencia son ellos.
La clase política anda desprestigiada hace décadas. Antes del Gobierno de Evo Morales, el “gonismo” y sus seguidores, eran los abusivos. El presidente de ese entonces ganaba más de treinta mil y los diputados y senadores cerca de 25 mil, eso llevó a la ruina y al descontento en el país, y entre otras causas, les llevó al descalabro político. Morales dijo al asumir la presidencia: “Nadie debe ganar más de doce mil que gana el Presidente”. Gustó a los bolivianos. Resulta que ahora es lo mismo de antes. El círculo de los privilegiados, burgueses, ganapanes se está ampliando con el añadido de que entre ellos hay descalificados, políticos que ni argumentar ni debatir bien pueden. Es lo mismo de antes.
Los ciudadanos de a pie somos impotentes ante la ambición, la angurria de masistas y demócratas. Lamentablemente no podemos ir mas allá de protestar, de expresar que estamos descontentos. Por lo menos dejénnos llamarles chupasangres, garrapatas, chulupis, flojos, sin iniciativas, testarudos. Son todo menos parlamentarios.
Lo peor, la ley es contagiosa, de inmediata repercusión en asambleas departamentales y concejos municipales, que igual que el Parlamento, no reflejan un trabajo para el que han sido creadas esas instancias: proyectar el desarrollo regional y municipal con iniciativas progresistas. El espíritu parlamentario de esas instancias está abocado a los enfrentamientos de imponerse caprichos unos a otros, pintado de sus colores partidarios.
Esto del incremento de dietas y salarios, ya está afectando a las instancias administrativas regionales, gobernadores y alcaldes están revisando sus presupuestos y discutiendo con sus empleados los incrementos, lo que restará posibilidades a las expectativas de los ciudadanos de mejorar sus condiciones. Así es la cosa, y debemos soportarlos. Que suerte la nuestra.
El autor es periodista.
Columnas de JAIME D’MARE C.

















