Dar, recibir y devolver
En las islas Trobriand, según el estudio etnográfico de Malinowski, cuando las canoas llegan a la isla vecina, los hombres descienden llevando collares de conchas rojas cuidadosamente envueltos. No son objetos para conservar: el jefe los entrega sabiendo que no le pertenecen del todo, sino que circulan. Quien recibe no agradece; acepta, porque aceptar es entrar en la relación.
Meses después, el gesto será devuelto con brazaletes blancos que viajarán en sentido contrario, siguiendo la misma ruta marítima. Nadie rompe el circuito sin consecuencias: retener el don sería aislarse, quedar fuera del mundo social.
En el anillo del Kula, dar mantiene el movimiento, recibir compromete y devolver asegura que la alianza entre islas, linajes y personas continúe existiendo. Sobre la base de esta descripción, Marcel Mauss analiza el funcionamiento del don.
El 2025 marcó el centenario de Ensayo sobre el don, de Marcel Mauss, un texto que, a un siglo de su aparición, sigue siendo clave en el pensamiento social. El escrito sostiene una idea sencilla pero poderosa, toda sociedad se funda en una triple obligación: dar, recibir y devolver. En las sociedades ágrafas que estudió Mauss, el intercambio no era un acto aislado. Dar implicaba reconocer al otro; recibir, aceptar una relación; devolver, confirmar que el lazo continuaba. El don circulaba para evitar la ruptura.
Mauss no se refería al intercambio de regalos como un mero intercambio, sino a lo que implica éste, el entablamiento de vínculos, la adquisición de obligaciones morales. Donde no hay don, no hay sociedad, sino solo individuos aislados, desconfiados, enfrentados.
Luego, Levi-Strauss reinterpreta el don como una regla de reciprocidad universal, es decir que todas las sociedades la tienen, convirtiéndose en casi una gramática de la vida social, pues los dones no son solo objetos materiales, sino que portan significados y su circulación constituye la sociedad. Cuando esta circulación funciona, la sociedad se sostiene. Cuando se interrumpe, se rompen los lazos, y se propicia un terreno fértil para la violencia imposibilitando crear comunidad. El malestar contemporáneo no solo es económico o político, sino sobre todo profundamente social.
Hoy en día se expande un contexto de vínculos frágiles y de creciente indiferencia frente al sufrimiento ajeno. ¿O acaso no lo evidencia el hecho de que otra bomba haya caído en Gaza, matando a decenas de niños; que miles de migrantes que construyeron una vida en el país del llamado “sueño americano” hayan sido deportados; que el huracán Melissa haya dejado destrozos y desplazamientos; o que un fantasma dictatorial vuelva a recorrer el mundo?
Y en el contexto local, ¿no se expresa esa indiferencia en que una mujer sea asesinada, dos hermanos pequeños apuñalados por un familiar, un hombre acribillado por un ajuste de cuentas como si fuera moneda corriente; en que una familia sea atracada; donde una riada provocada por lluvias extremas se lleve todo a su paso, mientras la deforestación no calla?
¿Y no se manifiesta también, cerrando el año, en que Bolivia “se nos muera” otra vez, con el alza de los pasajes y de la canasta familiar golpeando a los más vulnerables; con quienes más tienen y dejan de pagar impuestos; con movilizaciones que irrumpen incluso en plena Navidad; y con el ojo por ojo en la política que, en nombre de la justicia, llega santificado y justificado por un crucifijo? En este contexto, vuelve a cobrar plena vigencia el ya icónico texto de Marcel Mauss.
Cerrar el 2025 con esta reflexión no es un mero ejercicio académico. Creemos que reaprender a dar, recibir y devolver puede recomponer algo esencial, el vínculo social. En tiempos en que la deshumanización avanza a zancadas, volver a sostener el intercambio que nos une es, en sí mismo, una forma de resistencia.
Ojalá que el principal desafío para 2026 sea volver a reconocernos en el otro. Que la reciprocidad sea una urgencia del presente porque sin ella no hay sociedad posible. Y sin sociedad, la vida se vuelve apenas supervivencia.
¡¡¡Que tengan un bondadoso 2026!!!
La autora es socióloga y antropóloga
Columnas de GABRIELA CANEDO VÁSQUEZ

















