30 años de la WWW
Hoy, 12 de marzo, es una jornada en la que muchos de los principales centros académicos se dedicarán a reflexionar sobre Internet y su impacto, prácticamente, en todas las actividades de la sociedad actual. Será así porque hace 30 años, en 1989, Tim Berners-Lee un físico británico que trabajaba en el Centro Europeo de Física de Partículas (CERN) concibió el invento que cambió la historia moderna, la red mundial (WWW, por las siglas de su nombre original World Wide Web) o simplemente la Web.
La fecha es especialmente recordada, a pesar de no ser la única que marcó un hito fundamental en la historia de Internet. Pero ocupa un lugar especial en las conmemoraciones, pues el invento de Berners-Lee que puso al alcance de toda la gente este instrumento que, desde que existe, no deja de transformar, para bien o para mal, la vida de las personas, las empresas, las instituciones y las naciones.
Es tan grande el impacto que tuvo la creación de la WWW, que basta ver la agenda informativa mundial, cualquier día del año, para constatar que así como su invención marcó, hace 30 años, una línea divisoria entre un antes y un después, cada nuevo avance de Internet nos lleva hacia una dimensión que no deja de sorprender, y a veces asustar, por sus potenciales efectos sobre la sociedad humana.
Las noticias provenientes de Rusia durante los últimos días son un ejemplo de lo dicho. Mañana miércoles, el parlamento ruso podría aprobar el proyecto de ley sobre la desconexión del país de internet lo que facilitaría control y censura. China es el país que más ha avanzado en esa dirección, y la posibilidad de que esa fórmula de control social sea replicada en otros países es vista como uno de los mayores riesgos sobre la libertad.
Es también motivo de preocupación la posibilidad de que el desigual acceso a Internet se plasme en indeseables efectos multiplicadores de las desigualdades económicas y sociales a escala de cada país y del planeta entero. A pesar de los esfuerzos que se hacen para cerrar la “brecha tecnológica”, ésta no deja de crecer, lo que tiende a dividir a la humanidad en muy diferentes estratos, separados entre sí por su nivel de conectividad y el consiguiente acceso a información, educación, y oportunidades laborales.
En lo que a nuestro país corresponde, ambos riesgos, entre los muchos otros que dan motivos a la preocupación, merecen especial atención. Es que, independientemente de cuál sea el parámetro que se tome como punto de referencia, y cualquiera sea el punto de vista, todos los datos coinciden al señalar a Bolivia como uno de los países cuya relación con Internet no hace más que empeorar si se la compara con otros países de la región y del mundo.