Las filas nuestras de cada día
En un momento en el que el país parece sumergido en el clima electoral marcado por la sorpresa de las elecciones y la expectativa del balotaje entre Rodrigo Paz y Jorge Tuto Quiroga, en las calles las filas se han convertido en parte de la nueva normalidad.
La espera que antes se limitaba a los trámites que se tienen que hacer en instancias municipales, judiciales, policiales, de impuestos, centros públicos de salud y otras ahora, se ha generalizado para casi todo lo que se necesita o se imagine.
Las farmacias que venden medicamentos a precios accesibles casi siempre tienen filas; al igual, que las panaderías, que mantienen el precio y el peso del pan de batalla.
También, las tiendas donde se comercializan alimentos de la canasta básica y, claro, las estaciones de servicio al punto de que las avenidas se han convertido en parqueos permanentes de buses, camiones, cisternas y vehículos oficiales.
Muy temprano, antes de las 8:00 cuando la gente comienza a trasladarse a sus ocupaciones, laborales o no, se pueden ver filas de vecinos para comprar el pan de los mayoristas, que a esa hora se asientan en los parques para comercializar el pan de batalla al por mayor.
Después de la compra las personas se marchan con bolsas llenas o con varias piezas, seguros de que la espera valió la pena, porque tienen asegurado el desayuno y quizá también la cena.
Así, las filas se han convertido en parte del paisaje urbano. Esta situación está cambiando a las personas y las vuelve más indiferentes y menos solidarias que ya no comparten ni un pan con quienes más lo necesitan.
Casi siempre hay personas alrededor de las filas de pan esperando una caridad y también indigentes que afectados por alguna adicción se acercan a los panaderos para pedir un pan.
La respuesta, es la indiferencia y la hostilidad ante la mirada de decenas de personas que en ningún momento intervienen y se limitan a mirar, como si se tratase de un espectáculo, la golpiza que recibe un joven, en situación de calle y azotado por el hambre, que intentó arrebatar un pan al no hallar una respuesta a su pedido desesperado.
La escena continúa cuando aparece un policía y arremete contra el indigente, que pesar de los golpes se resiste a soltar una bolsa con panes. Y, nadie, nadie interviene.
Si bien, las filas afectan la vida diaria causando pérdida de tiempo, frustración y estrés y afectando la economía y la estabilidad no deberían socavar la sensibilidad y valores de una sociedad.
No todo es negativo, en este tiempo también han surgido ejemplos que se deben resaltar como la Olla Solidaria, un comedor popular que cada día brinda alimentación a más de 100 personas.
En tiempos difíciles es cuando más debe aflorar la solidaridad con quienes más necesitan ayudan y pan. Se trata de construir una sociedad respetuosa, justa y eso en gran parte, también, depende de la relación de cada uno con sus prójimos.


















