Entre la angustia y la desesperación
Los que sufren no son sólo los estantes y habitantes de Bolivia: también sufrimos los bolivianos que nos encontramos lejos de la patria, sometidos a la tortura sin término de la angustia que padecen por el estado de intranquilidad, que es la congoja de llorar ante la impotencia de no hallar salida a la ansiedad, al dolor y la tristeza por el asedio a Santa Cruz de la Sierra.
Son males que no sólo han roto la paz y la tranquilidad de los más de tres millones de personas que habitan la región, sino que también asfixian y conllevan zozobra de día y de noche. Santa Cruz está virtualmente en estado de guerra por haber cometido el “grave delito de pedir el censo para 2023”, cuando la administración de Luis Arce replica que será en 2024.
Presa fácil de esta agitación rubricada por miles de uniformados utilizados hoy como “custodios, guardaespaldas, escoltas” de otros tantos miles de desocupados, de empleados de las alcaldías masistas, que son permanentemente reclutados por el partido de gobierno, el MAS, que paga la factura por el transporte, la comida, el cobijo y los cohetes que lanzan estas hordas alcoholizadas en las proximidades de las poblaciones que encuentran a su paso, por los caminos que conducen a la capital oriental.
Es que la administración en realidad no desea el censo que podría poner fin a su “reinado” de casi dos décadas, que está dejando a Bolivia sin consuelo, sin sosiego y sí en desconsuelo y tribulación. En Santa Cruz no hay paz y a la angustia se suma la desesperación que alimenta la ansiedad. Se está cometiendo contra los pobladores cambas este trastorno colectivo que se expresa en dolor de cabeza, en vértigos y mareos, en hipertensión, insomnio, fatiga crónica y dolores musculares. La TV se ha convertido en un instrumento de tortura, con escenas dantescas más impactantes incluso que las de Ucrania y la invasión rusa.
Los cambas suman a los síntomas físicos también los psicológicos por la inseguridad, el temor y la depresión. Los médicos distinguen trastornos como la ansiedad generalizada, el pánico y las fobias que indudablemente están afectando al entorno social, familiar y laboral. No puede ser que tal padecimiento continúe sin la intervención de la ONU, la OEA y la UE, ya que estos trastornos están creando adicciones al trago, la droga y que producen tormento, tristeza, martirio y pueden destrozar la vida humana. Basta ya de tanto dolor. Señor, ¡apiádate de nuestra Bolivia y sus hijos!
Columnas de MAURICIO AIRA



















