Diálogo y resistencia
El problema por los nuevos precios de los hidrocarburos, la gasolina subió casi en un 80% y el diésel en 160%, ha provocado el primer frente del conflicto del gobierno Paz-Lara, que inició su gestión el 8 de noviembre dando inicio a una nuera era política en Bolivia y a partir del 17 de diciembre la vigencia de un nuevo modelo económico, que elimina la subvención a los combustibles.
Aunque hay quienes comparan este ajuste con el ejecutado mediante el Decreto 21060, en el gobierno de Víctor Paz Estenssoro, la realidad es que son medidas que se dan en momentos históricos diferentes y con realidades económicas distintas.
A ello se suma que el alcance del decreto que elimina el subsidio a los combustibles recae sobre todo en la población que por décadas contó con un transporte subvencionado. Hoy, el Gobierno sincera la economía y asegura que el Estado no puede mantener un día más la subvención a los combustibles.
Aunque el Gobierno se ha mostrado abierto al diálogo; también, ha dejado claro que no se moverá una sola coma del Decreto Supremo 5503. Similar actitud tienen los sectores que piden la abrogación de la normativa y la restitución de la subvención.
Cada lado tiene argumentos válidos. El Gobierno responsabiliza de la crisis a los 20 años de gobierno del MAS y que cada año se deben destinar por lo menos dos mil millones de dólares a la subvención de combustibles y cada día el país pierde 10 millones.
Del otro lado, la Central Obrera Boliviana (COB) rechaza esa medida y advierte que el decreto provocará más hambre en el pueblo.
En los hechos, la población más vulnerable ya siente el alza de las tarifas del transporte, que se han fijado al criterio de los choferes sin que las alcaldías puedan frenar el incremento arbitrario.
El alza de tarifas provocará inevitablemente el incremento de los alimentos
Los gobiernos municipales y departamentales deben regular las tarifas y frenar la especulación en los mercados
Las señales que lanza el Gobierno sobre el rumbo que tomará para reconstruir la economía y las protestas que realizan distintos sectores sociales sirven para confirman la profunda crisis económica en la que nos debatimos.
El diálogo es el único mecanismo para desactivar los conflictos antes de que sea demasiado tarde. Las movilizaciones no pueden derivar en muertes ni en más perjuicios económicos que impidan, por ejemplo, las exportaciones.
Si bien durante la campaña electoral el tema de la subvención se abordó de forma general y ningún candidato propuso eliminarla, probablemente, porque iba a perder votos, ahora es momento de hablar con transparencia y de descargar la crisis sobre todos los sectores, no únicamente sobre la población que vive del día a día o de un sueldo que en 2026 no se incrementará.
Nadie quiere un país a la deriva, con crisis económica; pero, tampoco con bloqueos y movilizaciones. El diálogo es y seguirá siendo el camino.


















