Reformar la Aduana Nacional
El caso de las “narcomaletas” que llegaron de EEUU al Aeropuerto Internacional de Viru Viru conteniendo sustancias controladas, permanecieron allí en depósito y luego fueron retiradas sin el debido control aduanero, merece una reflexión respecto del funcionamiento de la Aduana Nacional, instancia esencialmente relacionada con el comercio de importación y exportación.
El insólito tránsito de esas maletas que casi dos meses después de llegar al país fueron halladas por la Policía, que investigaba un supuesto tráfico de armas, en el galpón de una empresa de seguridad, generó una diversidad de reacciones en el ámbito político y comentarios en redes sociales.
Algunos de esos comentarios comparan lo ocurrido en este caso con el control minucioso que ejecutan los funcionarios aduaneros a los viajeros que llegan al país, especialmente en el aeropuerto internacional cruceño.
En ese contexto, y en la dirección inversa, existe también el caso de la casi media tonelada de cocaína que, a pesar del necesario control de aduanas, partió en febrero de 2023 de Santa Cruz a Madrid, donde fue detectada.
El de Viru Viru es el aeropuerto más grande del país y el principal den operaciones internaciones por lo que tendría que ser el mejor controlado por la Aduana.
Parece que eso ocurre de manera selectiva o que los recursos de control aduanero son insuficientes, lo que evidencia la enorme necesidad de que esa entidad se modernice para convertirse en una auténtica facilitadora del comercio internacional que se refleje en una disminución del contrabando.
El tener una institución anclada en el pasado sólo beneficia a los grandes contrabandistas.
Quienes optan por la vía de la formalidad y realizan sus trámites en la Aduana Nacional tienen que enfrentarse con una burocracia que dificulta más que facilitar el comercio exterior.
De acuerdo con la Ley de Aduanas, “la Aduana Nacional es la institución encargada de vigilar y fiscalizar el paso de mercancías por las fronteras, puertos y aeropuertos del país, intervenir en el tráfico internacional de mercancías para los efectos de la recaudación de los tributos que gravan las mismas (…), sin perjuicio de otras atribuciones o funciones que le fijen las leyes”.
En el último tiempo, el rol que más ha prevalecido en la entidad aduanera ha sido el de la recaudación, lo que también ha implicado más controles para cumplir con sus metas.
Se trata de una labor que además repercute en la imagen de la institución y que en la época electoral motiva la presentación de propuestas sobre el tema, como convertirla en una institución pública-privada.
Ante el último caso de las “narcomaletas” y la necesidad de tener una Aduana Nacional más moderna y facilitadora, las autoridades nacionales están llamadas a pensar en una reforma que derive en una institución transparente, independiente y estratégica para el comercio de Bolivia con el mundo.



















