El salario de los asambleístas
Las declaraciones que hizo el senador Nilton Condori, de la Alianza Unidad, la pasada semana sobre el salario que perciben los asambleístas volvió a poner en debate si lo que reciben por ejercer su mandato es la adecuada y qué resultados en beneficio del país arroja su labor.
“No sé por qué ganamos Bs 23.000, no hacemos nada”, dijo el legislador en una conferencia de prensa que contó con una gran asistencia de periodistas se difundió casi de manera instantánea en los medios y, claro, las redes sociales logrando innumerables muestras de apoyo de la población y críticas y hasta reproches de sus colegas.
Es difícil saber qué provocó el momento de sinceridad del senador que explicó su actitud señalando: “Deberíamos ganar todos 10 mil bolivianos, no sé por qué ganamos 23 mil bolivianos, no hacemos nada, no hacen nada, puros vagos son prácticamente”, según publicó Erbol.
En Bolivia, el debate sobre el sueldo de los parlamentarios y otras autoridades electas, como concejales y asambleístas departamentales, no es un tema sólo de cifras, sino de la percepción que tiene la ciudadanía del rol de sus representantes y de su importancia para fortalecer la democracia y preservar el equilibrio de los poderes del Estado.
En el contexto actual, la propuesta del senador fue bien recibida, porque mientras muchísimas familias bolivianas se sustentan con un salario mínimo mensual de Bs 3.300, el que rige a partir de 2026, un diputado y un senador titular percibe un poco más de 22.000 sin contar con beneficios como viáticos, pasajes, refrigerios y teléfono.
Así, parece que el impacto del alza del costo de los productos de la canasta básica por la eliminación de la subvención de los combustibles –medida aceptada por la gran mayoría de bolivianos– es una carga adicional que no pesa de la misma manera a electores y elegidos.
Aunque todos confiamos en que la situación económica del país mejore en el mediano plazo.
De ahí que no se puede pedir a la población austeridad y mantener salarios elevados en determinados niveles del Estado; pero más que exigir que los senadores y diputados se rebajen el sueldo se trata de gestos que pueden ser pequeños, pero decir mucho sobre la calidad humana de los legisladores.
Una muestra del desprendimiento que exigen estos tiempos fue el que realizó el alcalde de La Paz, Iván Arias, quien en diciembre pasado anunció que se rebajaría voluntariamente su sueldo de Bs 19.000 a 10.000 para destinar la diferencia a hogares vulnerables como gesto de solidaridad ante la crisis económica que atraviesa Bolivia e instó a otras autoridades a hacer lo mismo.
La decisión de reducirse los salarios de los asambleístas de ninguna manera resolverá la crisis o reducirá el déficit fiscal, pero enviará un mensaje de aliento y empatía a los sectores más vulnerables que subsisten con lo que logran generar en un día.

















