Humberto Roca y Neosur
La historia de la aviación comercial en Bolivia está marcada por hitos que aún viven en la memoria colectiva. Uno de los más emblemáticos fue el Lloyd Aéreo Boliviano (LAB), empresa que durante décadas representó orgullo, prestigio y seguridad para el país. Con una trayectoria que se acercaba al siglo de operación, destacó por mantener un historial sin accidentes fatales en la era del jet, consolidándose como referente en la región.
Sin embargo, su desaparición no estuvo exenta de polémica por factores políticos y la creación de nuevas empresas estatales influyeron en su cierre, marcando el fin de una era para la aviación nacional.
Tras su caída, emergió Aerosur, fundada en abril de 1992 e iniciando operaciones en agosto del mismo año. Esta aerolínea no solo llenó el vacío dejado por el LAB, sino que revolucionó el sector con una propuesta innovadora y cercana a la gente. Sus aeronaves, decoradas con figuras icónicas como el “Torisimo” y el “Súper Torisimo”, se convirtieron en símbolos reconocidos dentro y fuera del país. Este último, además, marcó un hito al ser el único Boeing 747-400 en América latina.
Bajo el liderazgo de Humberto Roca, Aerosur destacó no solo por su crecimiento acelerado, sino también por su enfoque humano. La empresa ofreció beneficios inéditos, como pasajes gratuitos para adultos mayores de 60 años y tarifas especiales para madres en fechas conmemorativas, iniciativas poco comunes a nivel mundial. Asimismo, brindó apoyo solidario al repatriar sin costo los restos de bolivianos fallecidos en el exterior y asistir a sus familias en momentos difíciles.
Durante años, Aerosur mantuvo también altos estándares de seguridad y operación, sin registrar accidentes fatales, lo que reforzó la confianza de sus usuarios. En situaciones de emergencia nacional, como bloqueos o interrupciones viales, implementó tarifas accesibles para facilitar el traslado de personas de escasos recursos, consolidando su imagen de empresa comprometida con la sociedad y siendo un referente para la aviación Boliviana.
No obstante, su historia también enfrentó dificultades. Al igual que su antecesora, se vio envuelta en un contexto complejo, donde factores económicos y decisiones políticas influyeron en su declive, en medio de críticas hacia la competencia estatal y cuestionamientos sobre la calidad del servicio en el sector.
Hoy, el panorama de la aviación boliviana abre una nueva página. La propuesta de una nueva aerolínea, Neosur, impulsada nuevamente por Humberto Roca, surge como una esperanza para recuperar el espíritu de servicio, eficiencia y cercanía que caracterizó a empresas como el LAB y Aerosur.
El desafío no es menor. Requiere condiciones adecuadas, estabilidad y reglas claras que permitan a iniciativas privadas desarrollarse en un entorno competitivo. Para muchos, Neosur representa no solo un emprendimiento empresarial, sino la posibilidad de devolver a Bolivia una aviación comercial que combine calidad, seguridad y compromiso social.
En un país donde volar alguna vez fue sinónimo de orgullo nacional, la expectativa está puesta en que esta nueva etapa permita mirar al cielo con confianza.
A ello se suma la necesidad de reconstruir la confianza del pasajero boliviano, un factor clave para el éxito de cualquier nueva iniciativa. La puntualidad, la seguridad operativa y la calidad en el servicio serán determinantes para que una nueva aerolínea logre posicionarse en un mercado cada vez más exigente y competitivo, donde los usuarios comparan estándares internacionales.
Finalmente, el resurgimiento de una línea aérea con identidad nacional también podría tener un impacto positivo en la economía, el turismo y la integración del país. Una empresa sólida no solo conecta destinos, sino que impulsa oportunidades, acerca regiones y fortalece el orgullo de contar con servicios que estén a la altura de la historia que alguna vez colocó a Bolivia como referente en la aviación regional.
Columnas de Constantino Klaric


















