Paternidad responsable
La semana que se inicia mañana estará marcada por las celebraciones del Día del Padre: 19 de marzo, una fecha reconocida por el Estado desde 1974, cuando un decreto del Gobierno de entonces la estableció para homenajear el rol de los padres en el núcleo familiar y en la estructura social.
Y como todos los años, esta celebración tendría que ser una oportunidad propicia para reflexionar sobre uno de los pilares más importantes del bienestar de una sociedad.
Abordar el tema de la paternidad y el lugar que ocupa en nuestra sociedad es siempre necesario, pues hay abundantes datos que permiten sostener que nuestro país es uno de los más afectados por un mal que aqueja a una cantidad muy grande de niños, niñas y jóvenes: la paternidad irresponsable.
Así se explica que para muchos hogares este no sea un día de regocijo, sino de dolor, pues son demasiados los niños y jóvenes que no tienen a su alrededor un padre al que expresarle su afecto y gratitud. Y mucho menos a través de un regalo, que es como la publicidad les dice que lo deben hacer.
El problema no es nada nuevo, pero sí lo es la atención que desde hace relativamente poco tiempo se le presta.
En efecto, a pesar de que abundan las razones para suponer que se trata de un asunto de máxima importancia, es notable la falta de interés que, hasta hace muy poco tiempo, recibieron los múltiples aspectos relacionados con los hábitos y prácticas culturales que guían las maneras cómo se ejerce la paternidad en cada país o grupo social.
Felizmente, de un tiempo a esta parte, el tema se está abriendo camino entre aquellos que merecen nuestras preocupaciones. Son cada vez más los estudios que llaman la atención sobre la directa relación entre la irresponsabilidad y las actitudes machistas prevalecientes en gran parte de Latinoamérica. Y de éstas, a su vez, con la debilidad de los valores en los que se basa la paternidad responsable.
Según varias investigaciones, cada vez está más clara la relación entre el nivel de responsabilidad con que los hombres asumen su paternidad y el grado de bienestar económico y social de las familias.
Está comprobado que entre los factores que más contribuyen a la reproducción o reducción de las causas de la pobreza ocupa un lugar destacado el género de la persona que asume la jefatura del hogar.
Paradójicamente, pese a su evidente importancia, la necesidad de promover una paternidad responsable no figuró ni figura entre las prioridades de las políticas sociales en nuestro país.
Por eso, y más allá de los rasgos frívolos que terminan desvirtuando fechas como ésta, es oportuno recordar que el ideal de paternidad que hoy se ensalza dista mucho de ser la regla y es, más bien, una excepción.
Felizmente, existen los casos de paternidades asumidas de manera responsable y que no corresponden al resultado del acto biológico de procrear.


















