
SURAZO
El ají es una especie vegetal del género Capsicum que está muy vinculada con las culturas andinas debido al frío de sus territorios.
Esto se debe a que comer alimentos picantes, o con mucho ají, provoca calor y eso ayuda a combatir las bajas temperaturas.
Uno de los deleites de la investigación historiográfica es que permite descubrir hechos generalmente desconocidos como, por ejemplo, la evidencia de que, pese a estar vinculado con los picantes, el ají no es originario de la región andina.
El hallazgo de un tapado de monedas de oro en Colquechaca, capital de la provincia Chayanta de Potosí, no sólo sorprendió al país sino que hizo surgir dudas respecto al pasado de Bolivia y, de paso, de Argentina.
Las dudas se justifican debido a que nadie está obligado a conocer la historia en detalle. Incluso el presidente Evo Morales se confundió al ver símbolos que hoy son considerados argentinos y, por ello, llamó “monedas argentinas” a las piezas recuperadas por la Gobernación de Potosí.
No se puede poner al pueblo por encima de la ley por la sencilla razón de que una ley debe ser la expresión del pueblo.
Según el evangelista Juan, fue Jesús quien dijo que la verdad nos hará libres. Sin embargo, las dictaduras y tiranías se encargan de invertir las cosas y mandan a encarcelar a quienes dicen la verdad.
Si de verdad se trata, los periodistas están en primera línea. Informan e investigan y su trabajo pocas veces gusta a todos. Para la mayoría, especialmente para quienes quieren mantener escondidas ciertas cosas, las publicaciones periodísticas son incómodas.
Hace un par de años, cuando en esta columna nos referíamos al origen potosino de algunas manifestaciones culturales —como el charango, la diablada y la Virgen de Copacabana—, no faltaron quienes criticaron esas afirmaciones calificándolas de “chauvinistas” y algunos llegaron a decir que eran un exceso de regionalismo. “Exageran: ahora resulta que todo es de Potosí”, se quejó un colega del diario Correo del Sur de Sucre, la capital constitucional del país.
Partamos de una verdad irrefutable: las redes sociales, particularmente Facebook, están haciendo pedazos al idioma. Los crímenes, de lesa ortografía, son diarios y cometidos a vista y paciencia de todos, con una impunidad pocas veces vista en la historia de la humanidad.
Los seres humanos fuimos lo suficientemente inteligentes para crear Internet, donde pusimos una realidad virtual que está a la vista de todos —que no existe materialmente pero está—, pero no somos capaces de introducir filtros que sancionen los errores ortográficos en las redes sociales.
Así sea por una red social, que el presidente Evo Morales haya manifestado públicamente su preocupación por la presunta apropiación de la danza de caporales por parte del Perú marca un hito en la defensa del patrimonio cultural boliviano, ya que es la primera vez que un jefe de Estado se pronuncia sobre un tema de esa naturaleza.
La primera acepción de “nimiedad” es “pequeñez, insignificancia”. Se utilizó la semana pasada, cuando se habló del reclamo de los potosinos por el hecho de que la Alcaldía de La Paz declaró a la salteña como patrimonio de ese municipio. “Se ocupan de nimiedades”, dijeron, torcieron la nariz y se dedicaron a asuntos que, para ellos, son más importantes.
Puede ser que haya nimiedades que ocupen el tiempo de los columnistas, particularmente de quien escribe estas líneas, pero la gastronomía no es una de ellas.
“Lari” es una palabra que significa zorro o zorra en idioma quechua así que es sinónimo de “atuq”. Por alguna razón que desconozco, comenzó a utilizarse también para referirse al pertinaz, a aquel que no quiere entender razones.
Hoy en día se dice “lari” a aquel que no entiende, una persona a la que le explicas las cosas, de buena o mala manera, pero, aunque te oye, en realidad no escucha. El pertinaz es el obstinado, el terco, el “lari” que se mantiene firme en su opinión, dictamen o posición aunque le demuestres que está equivocado.
La mayoría de la población boliviana recibió con beneplácito la decisión del presidente Evo Morales de devolver a su país a los carabineros chilenos detenidos cerca de la frontera.
Y es que la decisión fue atinada, humanitaria y, sobre todo, un buen golpe diplomático en la accidentada relación bilateral con Chile de los últimos años.

