
SURAZO
El día en el que llegaron los muertos, entendí que todavía no entendía muchas cosas de los vivos.
No sé si la muerte es fácil para los muertos pero escucho a muchos vivos quejarse por lo difícil que es la vida.
A veces, muchas veces, yo también sentí difícil la vida. A veces, muchas veces, yo también deseé la muerte.
Pero la muerte no es ajena a nosotros. Después de todo, no hay verdad más grande que aquella que dice que todos nacemos para morir.
Si los archivistas son los guardianes de la memoria, los cronistas son los encargados de almacenarla.
En esencia, un cronista es una persona que recopila hechos, pasados o presentes, y luego los escribe.
La primera crónica fue la literaria, que consistía en la recopilación de hechos históricos o importantes narrados en orden cronológico. Así, cumplía las funciones que ahora tiene la historiografía.
Sin recuerdos, el ser humano es un objeto más de la creación. En el pasado está todo: nuestro nacimiento, la actitud de nuestros padres, los primeros amigos, la escuela… A medida que vivimos, creamos recuerdos y estos forman nuestra personalidad.
La historia es el pasado de las sociedades, de los conjuntos de personas. Explica sus antecedentes, su origen y sus transformaciones con el transcurrir del tiempo. Un pueblo sin historia no es más que un conjunto de seres que, sin recuerdos colectivos, se alejan del concepto de personas.
No, una y otra vez. Esa palabra que contiene en sí misma todo un programa político. No hay tema en la historia de Bolivia que polarice más que el de la incursión de la guerrilla del Che Guevara.
Ni siquiera temas de fondo, como que la fundación de Bolivia fue el resultado de la maquinación de un grupo de abogados, agita tanto las pasiones como este.
Ernesto Guevara de la Serna fue asesinado. Esa es la más grande verdad de lo ocurrido en Bolivia el 9 de octubre de 1967.
Los diccionarios jurídicos señalan que, para ser considerado asesinato, un homicidio; es decir, la “muerte causada a una persona por otra”, debe reunir las características de premeditación, saña y alevosía.
La muerte del Che fue premeditada porque se trataba de un enemigo a eliminar. La CIA, cuya participación en todo este episodio está más que probada, fue la que dio la orden y lo que hizo el Gobierno boliviano fue simplemente ejecutarla.
Mi teléfono volvió a sonar con frecuencia esta semana. Luego de las explosivas declaraciones del director de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Agua Potable y Saneamiento Básico, Víctor Rico, colegas de radioemisoras del interior del país me llamaban para entrevistarme sobre la crisis del agua potable en la Villa Imperial.
En noviembre de 2016 pedí a Homero Carvalho que me ayude a hacer un mapa de la literatura boliviana actual; es decir, un panorama de los escritores bolivianos vivos, Departamento por Departamento, y el resultado fue desalentador para el mío porque, a la luz de los datos de ese momento, el único que no tenía un representante visible era Potosí.
El ají es una especie vegetal del género Capsicum que está muy vinculada con las culturas andinas debido al frío de sus territorios.
Esto se debe a que comer alimentos picantes, o con mucho ají, provoca calor y eso ayuda a combatir las bajas temperaturas.
Uno de los deleites de la investigación historiográfica es que permite descubrir hechos generalmente desconocidos como, por ejemplo, la evidencia de que, pese a estar vinculado con los picantes, el ají no es originario de la región andina.
El hallazgo de un tapado de monedas de oro en Colquechaca, capital de la provincia Chayanta de Potosí, no sólo sorprendió al país sino que hizo surgir dudas respecto al pasado de Bolivia y, de paso, de Argentina.
Las dudas se justifican debido a que nadie está obligado a conocer la historia en detalle. Incluso el presidente Evo Morales se confundió al ver símbolos que hoy son considerados argentinos y, por ello, llamó “monedas argentinas” a las piezas recuperadas por la Gobernación de Potosí.
No se puede poner al pueblo por encima de la ley por la sencilla razón de que una ley debe ser la expresión del pueblo.

