
SURAZO
El Diccionario de la Lengua Española (DLE) define “plagiario” simplemente como adjetivo de la persona “que plagia” y complementa la acepción señalando que es el que “copia obras ajenas”.
Como en otras miles de palabras, la Real Academia Española es demasiado simplista en esta que define así, sin más ni más, a la persona que comete un delito que, a mi juicio, es muy grave: robo de la propiedad intelectual.
Es increíble todo lo que se puede encontrar detrás de los detalles cuando se les presta atención.
Durante años escuché que Potosí era la única ciudad con autorización para sacar en andas el Santísimo Sacramento del Altar pero nunca se me ocurrió pensar en qué significaba eso. Me enteré recién, cuando comencé a indagar sobre la celebración de Corpus Christi en la ciudad del Cerro Rico.
Fueron cuando menos llamativos —por no utilizar otro término— el interés y el espacio que le dieron algunos medios de comunicación social a una boda que, aparentemente, no tiene nada que ver con Bolivia, la de Meghan Markle y Enrique de Gales.
A propósito de ello, lancé una provocación en Facebook y obtuve muy buenos resultados. Publiqué que una boda más importante, para Bolivia, fue la de Beatriz Clara Coya y Martín García de Loyola y algunos de mis contactos agregaron valiosos datos al respecto.
Omar Velasco, un periodista potosino recientemente fallecido, solía contar aquella anécdota según la que, tras el triunfo de la Revolución Nacional, la cúpula del MNR se reunió en la prefectura de Potosí para repartirse los cargos públicos. Un zapatero de participación destacada en las milicias llegó tarde a la reunión, cuando todos los cargos técnicos y de oficios ya habían sido distribuidos y, al ver que se quedaba sin uno, pidió la planilla de los otros, los calificados. Sin fijarse en el nombre del cargo, vio uno que tenía un sueldo alto y dijo “este… quiero este”.
La arqueología vuelve a poner en ridículo a la historia oficial. Esta vez en la costa norte del Perú, donde un día floreció la civilización Chimú, aquella que desapareció tras ser conquistada por los incas en el año 1475.
En ese lugar fueron encontrados los restos de más de 140 niños que fueron sacrificados y enterrados. Un envío de la Agencia France Press dice que se trata del “más grande sacrificio masivo de niños en el mundo”, tanto que “obligaría a revisar la historia de sacrificios humanos” que, hasta ahora, había tenido a la civilización azteca como el mayor referente.
Sucre es mi segundo hogar. Hace dos décadas me recibió en la calle Arenales, donde entonces funcionaba el diario Correo del Sur, y me acogió durante poco más de tres años. Fue el tiempo en el que aprendí a amar a la Ciudad de los Cuatro Nombres y a entender, y respaldar, su reclamo justiciero de la capitalidad plena.
No puedo despedir abril sin referirme a José Enrique Viaña Rodríguez, una de las tres columnas sobre las que descansa, por ahora, el bien ganado prestigio de Gesta Bárbara.
Nació en Challapata, provincia Abaroa de Oruro, en una fecha que no estuvo clara hasta que su sobrino nieto, Gonzalo Molina Echeverría, le dio luz definitivamente: 17 de abril de 1898.
Gracias a los estudios que se han hecho sobre su obra, entre ellos los de Molina y Alba María Paz Soldán, ahora se sabe que fue más prolífico de lo que se creía.
Otra de las observaciones que se hace a los nuevos billetes de 10 bolivianos, pero que pasó desapercibida para la mayoría de la gente, es la mala nominación de dos de los atractivos turísticos incluidos en ellos.
Un documento que lleva el membrete del Comité de Defensa de la provincia Daniel Campos del departamento de Potosí señala que el verdadero nombre de la isla denominada “Del pescado” en los billetes, es Incahuasi mientras que el salar de Uyuni tiene otra nominación.
Ya está con nosotros el primer integrante de la “familia de billetes del Estado Plurinacional de Bolivia”. Tomando en cuenta que es la Constitución de 2009 la que así lo denomina, el cambio tardó un poco más de lo previsto.
El racismo es tan anacrónico que a veces resulta tedioso ocuparse de él. Hay que hacerlo, sin embargo, cuando existen hechos tan evidentes como el que fue registrado, tecnológicamente hablando, en la carrera de Derecho de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno de Santa Cruz.

