
EL SATÉLITE DE LA LUNA
Se escuchan frecuentes y motivadas críticas al Poder Ejecutivo por confundir la gestión de un gobierno interino con la campaña electoral de su frente. Sin embargo, hay fuertes evidencias de que el MAS, amparado por los 2/3 de la Asamblea Legislativa que hace mucho perdió en el país, está haciendo exactamente lo mismo en favor de su candidatura.
Paralelamente al brote de Covid19, acabamos de asistir a un rebrote de la defensa del Fraude (así, con mayúscula) desde diferentes frentes. A esta altura de la historia, argumentar racionalmente no sirve de nada cuando, en lugar de evidencias, solo se esgrimen rabietas y pataletas de ahogado.
La pregunta correcta es: Cui bono, expresión latina que significa “¿a quién beneficia?”
Cuando daba mis primeros pasos como investigador me enamoré del preprint.
El preprint es un borrador de artículo científico que circula entre colegas antes de la versión definitiva que, para ser aceptada y publicada en una revista, debe someterse a revisores independientes, calificados y anónimos.
Existen tres actitudes ante el desastre heredado del anterior Gobierno y agravado por la pandemia de Covid-19, con el fin de enderezar la torcida política energética masista.
La primera es la actitud nostálgica, que ve en ese fracaso la oportunidad de volver a la situación anterior a 2004 (deshaciendo el referéndum del gas, la Ley 3058, el DS 28701 y la nueva CPE) con el fin de desmantelar las empresas públicas y devolver a las compañías privadas la gestión del sector energético del país.
La controversia en torno a los organismos genéticamente modificados (OGM) se ha reactivado en Bolivia a raíz de la aprobación de un decreto supremo que permite abreviar los plazos para el uso de cinco clases de semillas OGM, entre las cuales la que más preocupa es el maíz.
Como era previsible, surgió la controversia entre Estado e Iglesia acerca de las restricciones al culto dictadas mundialmente como consecuencia del distanciamiento social.
Algunos sectores de la Iglesia (los obispos italianos, por ejemplo), en el momento de flexibilizarse las restricciones de transporte y trabajo, han exigido, en nombre de la libertad de culto, que se autorizara también la reapertura de los templos, manteniendo, desde luego, los cuidados usuales para evitar el contagio.
La concomitancia de la pandemia de Covid-19 y la Pascua me inducen a replantear dilemas fundamentales acerca de la vida, la libertad de disponer de ella y el rumbo de la condición humana. Algunos de esos dilemas develan dos posiciones ideológicas que esquemáticamente llamaré: la de “primero está la vida” y la de “que la naturaleza haga su trabajo”.
Al releer El año de la peste, de Daniel Defoe, he podido apreciar las estrechas similitudes de esa historia de hace 350 años con el comportamiento social y la evolución de la pandemia actual. Se repite la sucesión de los mismos trances: inconciencia, desinformación, irresponsabilidad, negligencia, desesperación, hasta despertar con la muerte tocando a la puerta de al lado.
El coronavirus Covid-19 ha fortalecido sentimientos de temor, sospecha, inseguridad, egoísmo y depresión ante la fragilidad de la vida expuesta a un enemigo invisible. Eso mismo sucedió en todas las pandemias que, a lo largo de la historia, azotaron a la humanidad y motivaron conductas más deplorables de las que vemos hoy.
Sin embargo, junto con las peores lacras de la humanidad, también emergieron sentimientos y actos de solidaridad y heroísmo, como los que vemos, de manera directa, en los países más afectados.
Cuando asumió el Gobierno transitorio de la presidenta constitucional Jeanine Áñez, la expectativa de la mayoría de los bolivianos era que ese gobierno condujera nuevas elecciones con neutralidad, buscara la reconciliación nacional y administrara el Estado.

