
EL SATÉLITE DE LA LUNA
Stephen Hawking fue uno de los grandes físicos teóricos del siglo XX, tal vez el más popular después de Albert Einstein.
Su popularidad se debió, además de su aporte a la Ciencia, a la enfermedad contra la cual luchó durante más de 50 años y a los libros de divulgación que escribió solo o en coautoría. También contribuyó a su fama la película “La teoría del todo” sobre su vida y algunas series televisivas que inspiró.
Durante la reciente Cumbre de la ALianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA), se asignaron los premios Oscál del cine bolivariano. En una sesión que empezó con retraso, debido a la confusión en la hora generada por el estreno de un curioso “reloj del sur”, cuyas manecillas giran en sentido “choquehuanca”, el Presidente del Jurado anunció los premiados en cada categoría.
Completo con esta columna la trilogía de “Un GPS para…”, anticipándome a la pregunta de mis lectores: ¿para que los ciudadanos de a pie necesitan un GPS?
A diferencia de los que nos gobiernan coyunturalmente, pretendo ser hombre de palabra y, por tanto, cumplo con la promesa de mi anterior columna de presentar un GPS para la oposición.
Por la coyuntura que vive Bolivia, pienso que el Gobierno, que últimamente ha dado muestras de estar bastante desubicado, precisa un GPS para avanzar por tres recorridos críticos: el político, el jurídico y el económico
El Sistema de Posicionamiento Global (GPS en inglés) se ha vuelto una herramienta imprescindible. Viene del tamaño de una radio de bolsillo y con buena precisión (limitada adrede por razones de seguridad) y también está presente en los celulares inteligentes.
La valiente actuación del piloto Leonardo Martínez en el palco del Dakar ha despertado la admiración del pueblo boliviano por ser una muestra de rechazo al despotismo de los gobernantes. Sin embargo, acabo de comprobar que Martínez no es el único valiente ni el más heroico.
Uno de los pocos beneficios que ha traído el actual conflicto en torno al Código del Sistema Penal (CSP) es la discusión –distorsionada y polarizada si se quiere, pero discusión al fin– en torno a esa reforma fundamental de la justicia.
¿Qué tienen en común palabras aparentemente tan diferentes como: mente, imaginación, mención, comentario, monumento, amnistía y museo? Todas ellas se vinculan etimológicamente con la raíz indoeuropea “men” que expresa actividad de la mente
“La clarividencia es una hipotética capacidad de percepción extrasensorial que permitiría a algunas personas recibir información de acontecimientos futuros. No existe ninguna evidencia científica de que tal capacidad exista, sólo existen testimonios de personas que se adjudican a sí mismas esta capacidad” (Wikipedia).
Para justificar la “rererere”, el Ministro de Gobierno, Carlos Romero, ha puesto en el tapete de la política nacional una nueva controversia, al afirmar que una de las capacidades de Evo Morales que justifica nuevos mandatos es el ser “clarividente”.
La palabra “fama” viene etimológicamente de “decir”, de modo que famoso es una persona de quien “se habla”, generalmente, bien. Es la reputación, el buen nombre, la honra de una persona; una virtud que se hereda de padre/madre en hijo.

