
PREVIERNES
No se puede entender la existencia de la verdad sin la mentira. Son dos abstracciones que nacieron de manera complementaria para distinguir lo que la intuición o la evidencia ayudan a tener certeza frente a la realidad. El ser humano se distinguió de las demás especies por su capacidad de verbalizar sobre cosas reales o imaginadas. Es una especie que dice buscar la verdad pero acaba creyendo sus propias mentiras.
Alguien regaló tiernamente una mascota al Presidente como si fuera un peluchito inocente. Ringo es el nombre con el que inmediatamente el Mandatario ejerció su rol bautista. Es un mensaje más dentro los muchos que se usan en política para persuadir a votantes indecisos. Amantes de animalitos. Una tendencia emocional ampliamente activada en redes sociales y medios de comunicación.
¿Quién escribió ese anteproyecto de Ley del Artista que generó tanta polémica en el país? ¿Se habrá reencarnado algún inquisidor medieval? ¿Es algún sobreviviente de la dictadura stalinista del siglo pasado? Habría que verle la cara para que reciba el total desprecio de todos los artistas. También de los ciudadanos que tienen la convicción de que el arte no puede tener reglas de ningún tipo. Las reglas son el miserable formol de todo acto creativo.
No es alentador el panorama para el ejercicio de derechos de la mujer en Bolivia. Estamos en el cuarto mes del año y los feminicidios ya son más de veinte. La media de estos últimos años sobrepasó la centena. Demasiada muerte para una población tan pequeña como la nuestra. Estamos entre los países con más feminicidios del mundo. Lo peor es que deben morir ochenta más para completar el promedio anual.
La mentira no es consecuencia del auge de las redes sociales. El ser humano ha mentido desde que aprendió a hablar. Usa el lenguaje para decir cosas reales o concretas y también para dar rienda suelta a su imaginación. Con el paso del tiempo la mentira se convirtió en falta. La verdad fue pensada como un ideal y hasta como una virtud. Los antiguos griegos pensaban que una de las formas de llegar a la perfección era a través de la búsqueda de lo verdadero. La certidumbre hoy parece haberse convertido en una efímera ilusión.
Alejandra Alarcón no pinta paisajitos para adornar las salas con colores que combinan con el sofá o las cortinas. Su obra es un desafío que interpela la humanidad en sus más íntimas y perversas pulsiones. Los mensajes que construye inundan las mentes a través de la vista para provocar y no para complacer. Combina imágenes sublimes y tiernas con impactantes y sangrientas figuras que están en permanente antagonismo. En terrible contraste. Alejandra es cochabambina.

