
MARTILLEANDO
Iba a titular este artículo “Hijos del gran Bolívar”, en homenaje a los 198 años de la independencia de Bolivia, que se celebra cada 6 de agosto. Pero dudo que el Libertador esté orgulloso de sus hijos. Así que, prefiero cambiarles de nombre por lo que son hijos de la alcantarilla.
Pasemos revista a los más sobresalientes: Están los mineros, que contaminan los ríos con mercurio, buscando oro; o los que han envenenado al Pilcomayo con desechos de plomo y zinc.
Juliana Martínez habla de la higiene menstrual y dice: “hemos ganado una batalla al hacer que en los spots publicitarios, para que se demuestre la absorción de las toallas higiénicas, ya no se use tinta azul, sino que se use tinta roja”. Añade, “señores, dense cuenta que las mujeres tenemos sangre roja, no sangre azul”. Ese cambio de tinta, ha sido, según ella, una gran victoria. Y agrega “¿por qué no trabajar también en la revolución de las canas?”.
El ineficiente modelo boliviano de economía plural, que nos ha llevado a la calamidad económica que vivimos, tiene un autor. Ahora es presidente de Plurilandia, antes estuvo como ministro de Economía. Han sido 16 años desaprovechados bajo la falsa premisa de “Bolivia cambia”. No hay tal cambio. Y si lo hay es para mal. Vivimos una corta bonanza económica basada en la exportación de gas boliviano a Argentina y Brasil.
Cada 11 de julio se recuerda el Día Mundial de la Población. El interés por reconocer este día nació de la celebración del “Día de los cinco mil millones”, el 11 de julio de 1987, porque ese día la Tierra alcanzó ese número de habitantes.
Según datos de la ONU, se calcula que la población mundial crece a un ritmo de 83 millones de personas al año y se espera que alcance los 8 mil 600 millones en 2030, 9 mil 800 millones en 2050 y 11 mil 200 millones en 2100.
Como hoy, pero un 4 de julio de 1997, esperé que cayera un ángel del cielo para impedir que cometiera un error. Nunca sucedió. Creía que el tren me dejaba, porque mis amigas también lo estaban haciendo y yo también “tenía que hacerlo” y me casé.
En el fondo sabía que no tenía que casarme, pero lo hice. Luego vinieron ciertos consejos “tienes que adaptarte”, “es un tiempo de conocerse, entiende que como trabaja en un rubro muy estresante tendrás que soportar sus saliditas con clientes, y que llegue borracho”.
“Romeo debe morir” es el título de una película reciente basada en la clásica obra de Shakespeare. Extrapolando esa sentencia a tiempos actuales podríamos formularla como pregunta acerca de lo que se necesita para que las autoridades tomen cartas en asuntos serios.
La jornada de doña Cirila comienza a las 3 de la mañana. Trabaja haciendo fila en las colas de Migraciones, del Segip, de la Caja de Salud, o lo que toque. Sus clientes le pagan Bs 120 por la fichita que consiguió haciendo otra fila similar, la semana anterior.
Ella agradece a los creadores de Plurilandia la mejora de la carga burocrática que se ha conseguido en 16 años, desde la refundición del Estado. No entiende de nuevas normas, carga impositiva, pagos de sellos, timbres y firmas con lapicero azul.
La cultura popular acuñó el refrán: “en martes 13 no te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes”, haciendo mención a la mala suerte que trae este día. Nada más alejado de la realidad. Bolivia es el país de la buena suerte. Por ejemplo, hablemos de la “suerte” que corren miles de pasajeros que tienen vuelos atrasados, se les decomisa una tijera para cortarse uñas, o exceden en unos cuantos mililitros el champú que transportan, o ni qué decir de un gato perdido. Ellos no saben que en martes 13, su suerte sí puede cambiar.
Cuánto se alegrarían muchos docentes con un anuncio de WhatsApp informando que desde hoy, 6 de junio, y a propósito del Día del Maestro en Bolivia, se prohíben los grupos de WhatsApp de colegios, y de padres. Así podrán trabajar exactamente sus ocho horas sin atender requerimientos, tanto de alumnos como de papás, fuera de su horario laboral que, por cierto, no es remunerado.
Bolivia ha sido remecida, el último fin de semana de mayo, por el violento hecho perpetrado contra el interventor Colodro, del Banco Fassil. La investigación se halla en curso. Y sólo el tiempo, además de una pesquisa transparente y justa, dará con los culpables.
Bolivia asiste a la cobertura informativa sobre el tema y el gran público opina, porque ha sido alimentado por una gran cantidad de mensajes que llega a sus ojos antes que, por ejemplo, a ojos de su familia, tal como sucedió con la supuesta carta póstuma que dejó el interventor.

