
CON LOS PIES EN LA TIERRA
El tratamiento y la aprobación en la Cámara de Diputados de una norma que difiere el pago de las obligaciones de prestatarios con el Sistema de Intermediación Financiera (SIF) por concepto de microcréditos y créditos para vivienda social, está en los titulares y en las portadas de los medios.
Hay quienes apoyan la medida, la consideran un alivio temporal para muchas familias que están presionadas por las tendencias inflacionarias y la contracción general de la actividad económica, que ha menguado sus ingresos.
Sin ser economista y ¡ni soñar! en un premio Nobel de Economía, entiendo y comparto todos los argumentos que el Dr. Juan Antonio Morales nos ha ofrecido respecto a la futilidad de mantener el tipo de cambio fijo que, socialistas del siglo XXI y ultra(neo)liberales, coinciden en defender.
La idea respecto a qué determina el crecimiento, orienta las políticas económicas lo que, a su vez, define los efectos sociales, políticos y ambientales del crecimiento. Para el capitalismo industrial, que consideraba que la producción definía el crecimiento, el nivel de empleo era un indicador fundamental, tanto por su vínculo y aporte directo a los procesos productivos, como por la capacidad de consumo que los salarios otorgan a los hogares (“la causa del desempleo es la falta de demanda”). De ahí que, el empleo, era uno de los objetivos de las políticas.
El informe presidencial al cumplir cuatro años en el poder ocupó por unos días titulares y opiniones, no por la novedad e importancia de su contenido, sino por las críticas surgidas desde diversos ámbitos, especialmente en dos aspectos: el infundado optimismo respecto de que la crisis será superada a corto plazo con el litio, el Mutún y la industrialización con sustitución de importaciones, y a la total falta de autocrítica respecto de las causas y responsabilidades en haber incubado la crisis.
“Ladrar al árbol equivocado” es una expresión anglosajona con la que se describe situaciones en las que, partiendo de diagnóstico errados en elementos centrales, se llega a conclusiones y propuestas equivocadas. Normalmente, los errores en el diagnóstico son involuntarios –p.e. no incluir ciertos factores que no se conocían; pero, en la realidad, también pueden ser errores voluntarios con el fin de engañar o ganar ventaja al posicionar, como cierto, el diagnóstico errado.
Don Antonio Saravia se ha pronunciado denunciando la inmoralidad de los subsidios en Bolivia (Brújula Digital, 17|02|24). Concuerdo con él, en líneas generales, en que los subsidios pueden generan distorsiones en los mercados y algunos podrían ser negativos y concuerdo también en rechazar todo manejo discrecional de las subvenciones. Sin embargo, los subsidios son medios ampliamente utilizados por los gobiernos para lograr ciertas metas económicas y/o sociales y siguen siendo útiles porque logran, en muchos casos, los objetivos para los que se aplicaron.

