
LUZ POLÍTICA
Metafóricamente hablando, el “banquete político” representa el acceso y disfrute del poder. En Bolivia, ese banquete parece haber mutado en el “banquete chapareño”, un espacio simbólico asentado en el trópico de Cochabamba donde, durante años, se construyeron lealtades orgánicas, disciplina sindical y capacidad permanente de movilización.
Nuestro país atraviesa una dinámica recurrente de conflictividad social que ha normalizado marchas, bloqueos y paros como formas de interacción política. Este patrón no es nuevo, pero hoy adquiere mayor intensidad en un contexto de crisis heredada y de intentos gubernamentales por reorganizar el Estado.
Bolivia enfrenta hoy un problema menos visible que el conflicto social, pero decisivo para su estabilidad: la posibilidad de gobernar sin un partido político sólido que sustente la acción del Estado.
Este 22 de marzo Bolivia vuelve a las urnas para elegir más de cinco mil autoridades departamentales, regionales y municipales. A diferencia de la competencia nacional, donde la polarización ideológica suele dominar el debate, la arena subnacional impone una lógica distinta: la viabilidad electoral depende de alianzas económicas territoriales, redes empresariales locales y gobernabilidad fiscal.
La conducta política constituye una dimensión central de la vida social porque se desarrolla allí donde el poder se ejerce, se disputa o se desafía. Siguiendo a Martín-Baró, el comportamiento político es todo aquel que se produce dentro del Estado y cuyos protagonistas son las instancias estatales o sus representantes.
Toda sociedad enfrenta problemas que obstaculizan su desarrollo y ponen a prueba su capacidad de alcanzar metas colectivas. Algunas tensiones se disipan con rapidez y quedan como episodios pasajeros; otras, en cambio, se enquistan cuando la acción política no logra encauzarlas hacia soluciones efectivas. En estos casos, los conflictos permanecen vivos en el tiempo, se acumulan y terminan erosionando la convivencia social.
El Decreto Supremo 5503, que elimina la subvención a los combustibles, constituye el detonante inmediato de la actual coyuntura conflictiva en Bolivia. Desde una perspectiva técnica, diversos especialistas en hidrocarburos coinciden en que se trata de una medida racional para un país que no produce lo que consume y que importa carburantes a precios superiores a los que vende internamente.
La vida en sociedad suele navegar entre aguas turbulentas. La interacción social, intensa y diversa, genera tensiones económicas, culturales y políticas que, si se acumulan, pueden desembocar en conflictos capaces de amenazar la estabilidad democrática.
Allí es donde la cultura política se vuelve un barómetro clave para medir el estado de nuestra convivencia.
El escenario electoral boliviano se acerca a una de sus coyunturas más delicadas desde el retorno a la democracia, a pocos días del balotaje del 19 de octubre de 2025. La ciudadanía observa con expectativa la confrontación entre los binomios Jorge Quiroga - Juan Velasco y Rodrigo Paz - Edman Lara.

